La educación como motor del cambio en la sociedad

Actualmente se viven tiempos complicados en México, una guerra contra el narcotráfico y la delincuencia organizada que desde las más altas esferas del poder mexicano se decidió emprender hace cinco años, una guerra que desde mi punto de vista muy particular está completamente justificada; muchos dicen que los muertos que tenemos de este lado de la frontera tienen su porqué del otro lado, con nuestro vecino del norte y de esa manera tratan de limpiar las culpas que como sociedad tenemos todos.

Probablemente sí, el deseo desmedido de droga por parte de nuestro poderoso vecino del norte ha hecho que un enorme número de mexicanos (200,000 dicen los que saben del caso) hayan pasado a formar parte de la delincuencia organizada y particularmente del narcotráfico, con las consecuencias que todos conocemos. Pero estimado lector, quizá usted coincida conmigo, si a mi me ofrecieran ingresar a ese mundo o a usted lo invitaran seguramente ni siquiera lo consideraríamos.

Los millones y millones de dólares que tanto el gobierno norteamericano como el mexicano invierten en derrotar a este grupo de personas está justificado, lo vuelvo a repetir, no podemos dejar que estos grupos de personas aterroricen nuestras ciudades o nuestras colonias, aunque también se deberían de percatar de los delincuentes de bajo perfil, esos jóvenes “sin oficio ni beneficio” (como dirían nuestros abuelos) que pasan la noche embriagándose o que simplemente pierden desmedidamente su vida por gusto propio o por falta de oportunidades, y que son prospecto de delincuentes a gran escala, pero eso es “harina de otro costal”.

Ahora bien, cuando ganemos la guerra (lo cuento a usted estimado lector y me incluyo a mi porque somos parte de una sociedad y por ende estamos inmersos en dicha guerra), porque la debemos y la vamos a ganar, entonces mi esperanza radica en que esos millones de dólares ahora puedan ser destinados a la educación, si señor, cuando ya no haya necesidad de comprar helicópteros, camionetas blindadas, rifles de asalto y chalecos anti-bala, espero que ese dinero vaya a mejorar el sistema educativo nacional, porque como lo decía antes, los que tenemos la posibilidad de acceder a la educación de calidad tenemos una perspectiva distinta, basada en valores y fundamentamos nuestros éxitos en el esfuerzo cotidiano.

Pero cuidado, no deleguemos como sociedad toda la responsabilidad a los maestros, ellos sólo se encargan de ayudar a desarrollar competencias a los estudiantes, capacidades y habilidades, y en el mejor de los casos coadyuvar al desarrollo de actitudes en los estudiantes, porque la primera batalla de la educación se libra en casa, los padres son los primeros maestros de todo niño, y claro los más importantes.

Le cuento una anécdota, hace poco un ex-compañero de trabajo me platicaba como pasaba una hora diaria con su hijo de 10 años hablándole de cómo se debe de comportar, de como debe llevarse con sus compañeros, de lo importante que es respetar las reglas y condiciones. Un día después de comentarme eso lo acompaño a traer a su niño a la escuela, me lo presenta, lo saludo y me dice lo orgulloso que está del niño por sus calificaciones; nos subimos al auto, avanzamos una calle y al llegar a la intersección mi ex-compañero no respeta el semáforo y se pasa la luz roja por lo que lo cuestiono: “¿No viste la luz roja o no sabes que te debes detener cuando se presenta?” y el me dice desenfadado “Si, si la vi, pero como llevo prisa me la pasé, igual nada pasa, que se esperen los otros”. ¡Vaya!, no es capaz de respetar una señal de tránsito, ¿entonces qué carajos va a respetar?, yo le puedo asegurar que con esa simple acción mandó al retrete todas las horas que ha pasado con su hijo tratando que sea un buen ciudadano.

Entonces eduquemos a nuestros hijos y seamos congruentes entre lo que decimos y hacemos, entonces exijamos a los maestros que brinden educación de calidad a nuestros hijos, y veamos a la educación tanto la de la casa como la de la escuela como el único camino para mejorar como personas y como sociedad. Y recordemos que nosotros somos los motores de cambio de la sociedad.

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