El día que la F1 lloró

Domingo 1 de mayo de 1994, estudiaba aún la educación primaria, pero ya era un fanático de la F1 durante 4 años desde que vi como Ayrton Senna le ganaba a Prost el campeonato de 1990 en Japón; me levanté temprano y me dispuse a ver la tercera carrera del campeonato mundial de F1 de ese año, desafortunadamente ese sería el último Gran Premio del más grande de todos los tiempos, un día triste para mi y en general para todos los que lo admiramos, y claro todos le lloramos.

El año de 1993 había sido quizá el más difícil para Ayrton Senna en su productiva carrera en F1, más complicado que su año de debut, Senna seguía en McLaren pero ya no propulsado por los motores Honda que tantos éxitos le habían brindado desde su llegada a la escudería de Ron Dennis, ahora usaba unos poco efectivos motores Ford y tenía de coequipero a la “gran promesa” del automovilismo norteamericano Michael Andretti. Por otra parte su acérrimo rival Alain Prost regresaba de su año sabático (tras su sonado fracaso en Ferrari) con Williams F1 a bordo del que se considera como el auto más avanzado tecnológicamente hablando de la historia de Fórmula 1: el FW15C propulsado por Renault. Este auto que también condujo Damon Hill en ese año tenía toda clase de asistencia electrónica y adelantos mecánicos para el piloto: frenos antibloqueo, control de tracción, telemetría bidireccional, controles drive-by-wire, resortes de válvulas neumáticos, dirección electrohidráulica, transmisión semiautomática y suspensión activa eran solo algunos de los avances tecnológicos de última generación (para la época) que habían incorporado Patrick Head (actual co-dueño de Williams) y Adrian Newey (actual jefe de ingeniería de Red Bull) para su fastuoso auto. ¿El resultado? Simple, ese auto en las manos de Prost obtuvo siete victorias en 16 carreras, pero hay que sumarle las 3 de Hill para encontrar que dicho auto ganaría el 62.5% de los Grandes Premios dónde apareció. Sólo el gran manejo de Senna pudo arrebatarles 5 victorias y un tal Michael Schumacher (en un Benetton) se encargó de quitarles otra victoria, pero la diferencia era abismal. Al final de esa temporada el profesor Alain Prost daría punto final a su carrera llevándose a cuestas 4 campeonatos mundiales.

Frustrado por la poca confiabilidad de los McLaren – Ford, Senna terminaría su relación con ellos (a Andretti lo habían enviado de regreso a América desde hacía bastante tiempo ya) y estaba en busca de un nuevo equipo, yo soñaba con que llegara a Ferrari, pero finalmente terminó ocupando el lugar de Prost en Williams. Para su mala fortuna, todos los avances tecnológicos del FW15C habían sido prohibidos por la FIA para evitar que la categoría se volviera un campeonato dónde los millones de dólares invertidos en desarrollo jugaran un papel más importante que los pilotos mismos.

La temporada 1994 empezó mal para Senna y Williams F1: no pudieron ganar ni el Gran Premio de Brasil ni el del Pacífico aun cuando habían comenzado desde la pole position, ambas victorias se las quitó un joven Michael Schumacher en su Benetton – Renault. Entonces llegó el Gran Premio de San Marino disputado en el circuito Enzo e Dino Ferrari. Ayrton Senna llegaba ciertamente frustrado, su bajo rendimiento a bordo del auto británico no le dejaba esbozar la sonrisa tan común en sus años de gloria y dado el doblete del alemán estaba necesitado de victorias para aspirar por el campeonato mundial.

La práctica libre del viernes comenzó de manera difícil cuando Rubens Barrichello (Jordan GP) tuvo un fuerte accidente en la Variante Bassa a 225 km/h, el impacto fue tan fuerte que volteó el auto y dejó en malas condiciones al joven brasileño, afortunadamente sólo salió con una lesión en el brazo y una nariz fracturada, sin embargo el ambiente se sentía pesado, según palabras de Damon Hill. La calificación del sábado fue aún más complicada, cerca del minuto 20 el piloto austriaco Roland Ratzemberger cometió un grave error al tomar la curva Villeneuve y como consecuencia golpeó fuertemente su MTV Simtek – Ford contra la barrera de concreto opuesta a más de 300 km/h causándole fractura cráneo encefálica y la posterior muerte.

Sid Watkins, el jefe de los servicios médicos de la F1 en aquel entonces comentó que este fatal accidente le pesó mucho a Senna, al grado de que tras enterarse del triste desenlace de Ratzemberger rompió en llanto. Tan conmovido notó al piloto brasileño que lo persuadió de dejar el Gran Premio: “¿Qué más necesitas probar?, has sido campeón mundial tres veces, eres el piloto más rápido del mundo, ¿por qué no dejas todo esto?, yo también me retiraré y nos vamos a pescar”; la respuesta de Senna fue la de un hombre valiente: “No puedo, tengo un compromiso”. Senna conquistaría la pole position por encima de Schumacher, Gerhard Berger y Damon Hill.

Llegó el domingo, día de carrera, los autos se alinearon y comenzó el paseo por la grilla de partida, algo común, las cámaras de TV se pasean del primer al último auto capturando las imágenes finales de los pilotos antes de la carrera, al lado ingenieros, dueños de equipo, mecánicos, promotoras y todo VIP se paseaban plácidamente. La cámara llegó a Senna, se veía tranquilo como siempre, pero con una mirada que denotaba un dejo de tristeza, todos suponíamos que era la reacción de un hombre cercano a Dios tras la muerte de un colega, quizá era algo más.

Llegó la vuelta de calentamiento, regresaron los autos a su cajón de salida, se encendieron las luces rojas del semáforo de arrancada, pasaron unos cuantos segundos y arrancó el Gran Premio, sin embargo, como no podía ser de otra manera en este caótico fin de semana, hubo un fuerte accidente: JJ Letho caló su motor en la arrancada dejándolo parado y Pedro Lamy a pesar del impresionante bloqueo de ruedas no pudo evitarlo y lo golpeó estrepitosamente.  Nadie salió herido pero el auto insignia fue mandado a controlar el pelotón de rabiosos autos. Aparentemente el auto insignia (safety car) no llevaba suficiente velocidad porque Senna lo alcanzó y le señaló que avanzara más rápido para que no perdiera temperatura en sus llantas. La preocupación de Senna por la rearrancada era evidente, en él ya no había conmoción ni tristeza, sólo existía esa hambre de ganar y ser el mejor.

Tras dejar la pista libre de los restos de los autos siniestrados el auto insignia regresó a pits y se dio bandera verde a los autos teniendo como líder a Senna  seguido por Schumacher. En la segunda vuelta tras la salida del auto insignia Senna afrontaba la recta principal con una cómoda ventaja sobre el Benetton de Schumacher, esa era la última vez que se vería a Ayrton desde el pitwall. Mientras circulaba a 310 km/h sobre la curva Tamburello el auto de Senna saldría de la pista impactando fuertemente el muro de contención en un ángulo sumamente desafortunado colapsando la suspensión delantera derecha haciendo que un brazo golpeara el casco de Senna perforando su cabeza. A los pocos segundos el equipo médico llegaría con Senna, su amigo Syd Watkins removió su casco observando mucho daño, procedió a practicarle una traqueotomía. El helicóptero aterrizaría pronto para llevarse a Ayrton a un hospital en Boloña. La carrera volvería a arrancar posteriormente y Michael Schumacher se llevaría su tercer triunfo consecutivo consolidándose como líder del mundial de pilotos. Nada se supo sobre el estado de Senna excepto que estaba siendo tratado por especialistas.

Cuando eran las 18:40 hora local la Dra. Fiandri anunciaba que Ayrton Senna había fallecido instantáneamente 4 horas y media antes, debido a la pieza que atravesó el casco y lesionó gravemente el cráneo del piloto justo por encima del ojo derecho. El más grande de todos los tiempos se había ido. Cuentan que al examinar el auto accidentado de Senna, los oficiales encontraron una bandera austriaca, Ayrton la iba a usar en modo de homenaje al fallecido Ratzemberger cuando ganara la carrera, desafortunadamente la vida no le dio la oportunidad de rendirle homenaje.

“Si una persona no tiene sueños no tiene razon de vivir, soñar es necesario aún cuando el sueño va más allá de la realidad, para mi soñar es uno de los principios de la vida.” – Ayrton Senna 1960 – 1994

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