De un simple altercado a un caso federal

Lance Armstrong es el ciclista profesional de ruta más reconocido a nivel mundial en los últimos veinte años, nadie ha conseguido el nivel de atención mediática a sus logros, a sus incidentes, a su vida personal y a sus proyectos como él; no quiero caer en comparaciones ociosas de si es el mejor ciclista de la historia, sin embargo sí es el más ganador de la carrera más importante del mundo y es uno de los íconos del deporte a nivel global. Además es un caso inspirador en muchos sentidos, no sólo del deporte sino de la vida misma.

Para quien no sepa de Armstrong, se trata de un norteamericano que en un principio dirigió sus esfuerzos al triatlón para posteriormente migrar definitivamente al ciclismo de ruta, a mediados de los noventas ganó fama y notoriedad al conseguir el campeonato mundial de la especialidad sobre otra leyenda del deporte, Miguel Indurain, cuando el español se encontraba en sus mejores años profesionales. En los años subsecuentes todo parecía indicar que se convertiría en un ciclista constante de los pódiums en las clásicas de primavera y en el Tour de Francia, pero se le detectó cáncer y tuvo que abandonar la actividad profesional, pocos le daban esperanzas, ya no digamos de volver al ciclismo sino de simplemente sobrevivir a la enfermedad.

Tras una ardua y cruenta lucha para 1998 ya había vencido en su batalla principal: le ganó al cáncer, y entonces emprendió dos campañas: ayudar a aquellos que pasaban por la misma enfermedad y regresar al ciclismo de ruta. Y volvió: más fuerte, más rápido, más ligero, más constante, más resistente, con mayor capacidad de soportar el dolor… en una palabra: mejor. Desde 1999 hasta 2005 se encargó de ganar cada edición de la vuelta francesa a su modo, en algunos casos aplastante y en alguna ocasión con muchos problemas, pero logró lo que nadie había hecho: ganar siete tours consecutivos. Al día de hoy nadie lo ha igualado.

Y como pasa en todos los casos de éxito extraordinario, aparecieron sus detractores, de hecho desde antes que ganara en 1999 mucha gente lo daba como un fracaso sin siquiera haber rodado, pero cuando ganó todo se acrecentó. ¿Y cuál fue la mejor manera de golpearlo? Donde el ciclismo de ruta sufre más, el dopaje. Muchos lo tacharon de tramposo, de fraude y principalmente de consumir sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento, incluso hasta se le acusó de transfusiones sanguíneas para burlar los controles antidopaje. Nunca se le comprobó nada, a diferencia de Alberto Contador, por ejemplo.

El caso más reciente fue el de su ex compañero de equipo Tyler Hamilton que abiertamente lo ha acusado (incluso ante un juez) de doparse mientras ambos competían en el equipo US Postal durante la década pasada, pero la credibilidad de Hamilton queda en entredicho, porque a diferencia de Armstrong, a él si se le han comprobado al menos dos casos de dopaje con sus respectivas sanciones, la última que lo alejaría definitivamente del deporte profesional. Hace poco Hamilton apareció en un popular programa de TV de los E.U.A. hablando sobre el caso y tirando la mierda habitual que suele tirar sobre Armstrong. Hasta aquí toda una anécdota.

Sin embargo todo esto dio un giro inesperado hace unos días, Lance Armstrong cenaba en un restaurante de Aspen y se encontró con Tyler Hamilton, se reporta un incidente de proporciones mayores, se sabe por casos previos que el carácter de Armstrong es bastante explosivo; se dice que lo increpó directamente y que la conversación subió de tono hasta el confrontamiento directo. Debido a que Tyler Hamilton es testigo en una investigación federal sobre dopaje, lo que Armstrong hizo no se cataloga como un simple incidente sino como amenaza a un testigo y hasta el FBI parece estar interesado en el tema. Una anécdota, por llamarle de alguna manera, que nos deja claro que a veces hay que reprimir ese comportamiento agresivo que emana de nuestro ser en favor de no caer en una situación que pueda terminar en algo peor.

Desde mi punto de vista, considero que Hamilton quiere hacerse publicidad de un caso que desde un inicio se ha demostrado sin fundamento, como en su momento lo hizo otro ex compañero (Floyd Landis) sin mayor impacto. Una pena, porque las acciones y declaraciones de Hamilton no sólo lo dañan a él, sino al deporte que le ha dado de comer por muchos años. Termino con una frase extraída del Twitter de Lance: “Más de veinte años de carrera, 500 controles antidopaje dentro y fuera de competición, nunca me comprobaron nada”.

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