Pelear una guerra que no se va a ganar

Primero aclaro, esto es una analogía, un pensamiento aleatorio, un poco de verborragia en su estado más puro pues. La vida muchas veces nos lleva por caminos que nunca planteamos como transitables, situaciones que bien pueden afrontarse como una guerra en cualquiera de las áreas que la vida misma tiene, porque finalmente se deben afrontar aún cuando no hayamos pedido llegar ahí. Estar frente a situaciones determinadas que no hayamos intencionalmente decidido afrontar se puede comparar con pelear una guerra.

Poco a poco esta guerra se va haciendo presente en nuestra sangre, quizá ni siquiera nos demos cuenta de ello, llega un momento en que la finalidad de dicha guerra nos hace pelear cada una de las batallas propuestas para conseguir la victoria final que nos supondrá conseguir aquello que deseamos. Llega un momento cuando realmente deseamos lo que estamos luchando, hacemos propia esa guerra, le encontramos sentido a las batallas y estamos dispuestos a sacrificar incluso cosas que en otro momento ni siquiera lo contemplaríamos.

Pero ¿pelear una guerra que de antemano sabemos que no podemos ganar? esa es una situación complicada; en tu mente y en tu corazón añoras la victoria, deseas conseguir eso por lo que luchas pero al final sabes que pase lo que pase no lo conseguirás. ¿Y por qué no es viable ganar este tipo de guerras?, muy simple: factores externos, porque queda claro que si nosotros mismos hemos deseado luchar batalla tras batalla entonces no hay duda de nuestro deseo de obtener la victoria.

Esos factores externos pueden ser cualquier cosa: la vida misma, tu situación económica, tu familia, tus amigos, la misma sociedad; y no tener el control de ellos es lo que más duele: no puedes controlar lo incontrolable. En el fondo somos consientes de que por nosotros no quedará el hecho de no conseguir la victoria en esta guerra que hemos decidido pelear. Simplemente es abrumador, tarde o temprano perderás y cuando te das cuenta de ello valoras ¿vale la pena seguir aquí o es momento de claudicar y dejar que las aguas tomen su nivel?.

En lo personal siempre he creído que se debe morir peleando, pero a veces no sé que tanta utilidad tenga esto, tratar de ser el héroe, el último hombre de pie, no siempre resulta positivo. Lo peor de abandonar la guerra es mandarle el mensaje equivocado a la gente que amas, claudicar no significa que no tienes interés en esas personas, quizá dar por perdida la guerra es el signo más puro de respeto y amor que uno puede transmitir, pero mucha gente lo interpretará como que realmente nunca te importó pelear por ellos. En fin, una de esas cosas que se sienten pero no se pueden explicar, parte de la vida misma, porque si no hubiera situaciones como estas, la vida no sería vida.

P.D. Seguiré peleando … mientras me queden municiones.

Actualización 2012: se me acabaron las municiones tiempo atrás, aún así creo que fue una guerra que se debió pelear.

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