¿Rendirse? ¡Nunca!

Si usted estimado lector lleva en sus venas sangre sabrá seguramente como se siente cuando parece que todo está perdido, que ya no hay solución, que todo nuestro esfuerzo se ha ido por la borda, y me refiero a cualquier situación de la vida misma, puede ser un proyecto laboral o escolar, algo personal, una relación de pareja, cualquier cosa de eso que los seres humanos llamamos vida. En ocasiones ponemos todo nuestro esfuerzo, hacemos lo mejor que podemos, y casi al final cuando todo parece que se va a concretar sobreviene la catástrofe, algo que nos envía a la lona, y levantarse parece una misión titánica. La mayoría de las personas cuando se topan con este tipo de situaciones suelen claudicar, rendirse, porque finalmente todo parece perdido.

Eso mismo le ocurrió hoy al ciclista belga Iljo Keisse (Omega Pharma-QuickStep) en el Tour de Turquía. Ansioso por una victoria de etapa, decide soltar un ataque en solitario faltando varios kilómetros para la meta, para los que no entiendan mucho de ciclismo de ruta esta es una decisión temeraria, por llamarla de alguna forma. Ir en solitario después de varios cientos de kilómetros en las piernas significa que trabajarás más de lo que trabajarías si fueras en un grupo de varios ciclistas, renuncias a la comodidad de que los demás trabajen por tí y el aire no te pegue de lleno, pierdes la seguridad de que el que vaya adelante de ti trace la ruta ideal y tú sólo la sigas; pero a favor ganas la oportunidad de llevarte la victoria sin tener que pelearla en los últimos metros.

Todo parecía ir bien para Keisse: faltaban dos kilómetros y le llevaba una ventaja de 15 segundos a un grupo de 6 ciclistas y 32 segundos al grueso de los demás, afrontaba una curva de relativa complejidad y entonces [Vaya directamente al minuto 6:33]:

Así es, se cae, y su rostro lo dice todo: busca desesperadamente dónde vienen sus perseguidores y al mismo tiempo trata de montarse sobre la bicicleta cuando se da cuenta de que ¡la cadena se ha salido!, creo que no se puede estar peor, todo lo que podía salir mal salió mal. Si usted suele andar en bicicleta sabrá que poner la cadena en su lugar es una labor sencilla pero créame: para Iljo le significó la labor más difícil, lenta y tortuosa de su vida entera. Lo más fácil hubiera sido rendirse ¿no? finalmente él hizo todo lo que pudo pero al final “las cosas no se dieron”, pudo haber tirado la bici al lado, esperar a su equipo y decirles “ni modo, ya habrá otra oportunidad”. Prácticamente todos los segundos que llevaba de ventaja se le consumieron por el incidente, y faltando tan poco para llegar a la meta reponerse parecía simplemente imposible. Sin embargo él decidió seguir, seguramente su corazón más que su cerebro lo impulsó a no derrotarse él mismo e intentarlo. Al final, y a unos cuantos metros de la meta sale a flote su serenidad e inteligencia, habiéndose mantenido al frente sabía que el ritmo del pelotón era frenético y que en la línea de meta pocas eran sus posibilidades de ganar, aún así esperó, miró al grupo de perseguidores, se lo tomó con calma y atacó faltando un par de metros para finalmente prevalecer sobre el resto, y ¡ganó!.

Estos minutos de ciclismo de ruta de élite nos deberían de dejar algunas enseñanzas aplicables a nuestra vida cotidiana, por más grande que sea la adversidad tenemos nuestra entereza y fortaleza para seguir adelante, nosotros somos nuestro principal rival pero al mismo tiempo podemos ser nuestro mejor aliado, debemos ante todo tener fe en nosotros mismos y en las circunstancias, finalmente las cosas pasan por algo, o si usted cree en Dios como yo lo hago dirá “Dios sabe lo que hace con nosotros”. Caerse es algo normal, todos nos caemos, lo importante es levantarse; ahora que si te caes 99 veces entonces habrá que levantarse en 100 ocasiones porque rendirse nunca debería ser una opción.

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