Diarios de Bicicleta (Parte 1)

Como este es mi sitio web (en su formato de blog) y en él hago lo que me venga en gana, aquí empiezo una especie de bitácora de mis aventuras en bicicleta, tanto de ruta como de montaña. Quiero hacerlo porque siempre he tenido la inquietud y nunca lo he concretado, y finalmente porque se acerca el final de mi temporada ciclista y quisiera dejar grabado esta y mis próximas salidas. Primeramente, y para quien no me conoce, soy ciclista desde que tenía cuatro o cinco años, toda mi juventud me la pasé sobre una bicicleta de montaña de manera medianamente competitiva sin embargo cuando entré a la universidad tuve que abandonar la disciplina porque simplemente no me daba tiempo, al final de la misma ya tenía tiempo pero no ganas ni tampoco bicicleta, posteriormente cuando empecé a trabajar como ingeniero ya tenía ganas, también tenía dinero para la bicicleta pero nuevamente no tenía tiempo. Mi retiro del ciclismo duró más de lo que siquiera imaginé, pero en 2008 regresé de lleno y con todo, no solamente a la bicicleta de montaña sino también a la bicicleta de ruta, si de esas de llanta delgada muy ligeras a las que todo mundo se refiere como “de carreras”. Por último, desde el año pasado combino de manera muy buena el ciclismo de montaña con el de ruta y un poco de triatlón olímpico (no del Ironman, ese ni en sueños lo soportaría).

Debo confesar que entre 2008 y 2011 hice cerca de 8,000 km en mi bicicleta de ruta (según mis registros) y menos de 1,000 en la de montaña, en definitiva me atrapó la ruta, las sensaciones me cautivaron y el tipo de competición me hicieron olvidar mi mountain bike hardtail. Este 2012 pude hacerme de una mejor hardtail (bicicleta de montaña sin suspensión trasera, sólo la tijera) y regresé con todo a la montaña, sin abandonar la ruta, de febrero a agosto he hecho casi 1,200 km sólo en la de montaña ¡más de lo que hice en los 4 años previos!

Esta crónica inicia el pasado 25 de agosto, uno de mis mejores amigos ha decidido meterse en este mundillo de las bicicletas y echó a andar la suya para acompañarme en mis aventuras. Después de dos meses de rodar juntos regularmente nos decidimos a hacer una ruta tipo maratón, en un principio esperábamos rodar entre 40 y 45 km pero nos quedamos en 35, que de cualquier manera fueron muy buenos. Arrancamos ya tarde, a eso de las 12 del medio día decidimos tomar la carretera federal que une el área urbana dónde vivo con el parque industrial de esta ciudad, son unos 5 km en pavimento dónde rodamos a buen ritmo haciendo una especie de relevos como si de ruta se tratara, pronto llegamos al entronque con la zona industrial y seguimos por un camino de terracería muy polvoso pero rápido que corre junto a la vía del tren. Minutos más tarde ya estábamos en una comunidad cercana a la ciudad dónde tomamos sus calles para después de un par de kilómetros regresar a la terracería y pasar por encima de la principal autopista que comunica el centro del país con mi ciudad. En esta zona me decidí a meterle el acelerador al asunto y durante el descenso de unos 3 km dónde bajas cerca de 300 m alcancé la nada despreciable cifra de 56 km/h según mi GPS, desafortunadamente el calor me pasó factura y poco después me rezagué un poco porque el esfuerzo de rodar rápido fue demasiado.

Ingresamos a otra comunidad un poco más alejada de la ciudad y tras cruzar sus pintorescas calles empedradas decidimos cerrar el circuito volviendo a casa por un camino muy técnico que va al lado de un río seco muy conocido por la zona. Desafortunadamente había mucho lodo producto de las constantes lluvias de las últimas semanas, rodábamos a buen ritmo pero muy alejado de la media que normalmente hago y sin tomar los riesgos que normalmente tomo. Pura tranquilidad y vida hasta entonces.

Faltando unos 8 km para concluir el trayecto mi amigo y yo decidimos acelerar el paso y tomar más riesgos a la hora de entrar a las curvas y saltar obstáculos. Frenéticamente nos intercalábamos la posición frontal para ayudarnos en el proceso de llevar buen ritmo. Me tocaba a mi el próximo kilómetro liderar a mi compañero cuando vi un charco y lejos de evitarlo decidí afrontarlo de manera diagonal, incomprensiblemente cuando aceleré las llantas se amarraron por la profundidad del fango y caí estrepitosamente, solté la bicicleta para no irme al fondo del río y caí de rodillas, para mi mala fortuna mi bicicleta llegó directamente a mi pobre humanidad y me golpeó justo en el trasero.

Como todo pro, revisé la bicicleta primero, me di cuenta que sólo se había ensuciado y enterrado en la tierra, no tenía golpes ni raspones, revisé la cadena y dije “listo no pasó nada sigamos”, los pedales golpearon mi pierna y me dolía mucho así que me retrasé un poco y para alcanzar a mi compañero decidí rodar sobre los pedales unos 600 m hasta que no pude más y me senté. ¿Dolor? Dolor es sentarse en mi asiento de competición tras el golpe que me había llevado, y todavía me faltaban varios kilómetros antes de llegar a casa.

Al final todo quedó en un golpe y la caída, el trasero me dolió por las próximas horas pero nada fuera de lugar, y como dice Lance Armstrong: “si tuviera miedo de caerme nuevamente de la bicicleta ni siquiera me volvería a subir”. No es la primera vez que tengo un accidente en bicicleta y seguramente no será la última, sólo espero nunca tener que pasar por un hospital debido a mi gusto por las dos ruedas. En conclusión me gustó mucho el recorrido, es lo suficientemente rápido y técnico para considerarlo dentro de mis favoritos, ¿le falta algo? Si, un poco más de ascenso no le vendría nada mal, en montaña lo mio es subir cuesta arriba.

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