Diarios de Bicicleta (Parte 2)

Pues el pasado domingo me he decidido a sacar la de montaña nuevamente y llevarla a una carrera estatal que recorrería lo que normalmente es mi circuito de entrenamiento, a pesar de no estar cien por ciento recuperado de mi lesión. Últimamente ruedo con mi mujer y a veces con un amigo, pero el 75% de la distancia de los últimos años la he hecho yo sólo y mi alma, y esa mañana no sería la excepción, sin embargo mi hermana, también asidua al ciclismo decidió acompañarme a la zona de arranque. He tomado mi bicicleta muy temprano y me he recorrido la clásica tortura. Es relativamente simple, son 25 km con casi 500 m de ascenso. Una vez en el punto de arranque de la carrera me di cuenta que mi cadera no estaba recuperada al 100%, debido a una caída que tuve la semana previa y además muchas ganas de participar en dicha carrera no tenía, debo de confesarlo, además de que los 25 km pactados no eran exactamente el camino que conozco, así que sin equipo, sin ganas y al no estar recuperado no quise tomar riesgos y me dediqué a ver las bicis y adoptar facha de “hoy nomás vengo a ver”. Pero justo cuando arrancó la categoría elite me decidí seguir el recorrido para encontrar un buen punto dónde mirar pasar a los juveniles. Subí casi 300 m en un tramo de 8 km, y sin hidratación adecuada, y ya entrado en calor decidí rodar a tope, tanto fue que los juveniles no me alcanzaron.

Después corté camino para volver a la zona dónde mi hermana se iba a quedar a ver el descenso. Cuando retomé el curso de la carrera unas personas me empezaron a aplaudir y gritarme “¡vamos, tú eres el primero que cruza, ya la tienes ganada!”, ah si, claro, el problema es que no me inscribí y olvidemos el pequeño hecho de que corté camino de manera más que descarada. Justo antes de iniciar el descenso de casi 250 m en menos de 1.5 km una mujer me vitoreó tanto que me sentí Jaroslav Kulhavy, pobre ilusa.

Me detuve dónde estaba mi hermana y comencé a tomar video, en ese momento me di cuenta de que me había esforzado de más en la subida y que me estaba dando un ligero golpe de calor, mi GPS marcaba la nada despreciable cifra de 35 grados centígrados, agreguemos el hecho de que tenía una semana entera sin rodar y que de por sí el calor me mata el resultado fue obvio, quedé en ceros. El problema vino al otro día, pero la diversión nadie me la quita. Las montañas cercanas a Tehuacán son un verdadero paraíso en estas épocas del año, a pesar de que de vez en cuando hay días muy calurosos, como el que les narró, en general en el verano el ambiente es agradable y aun cuando es una zona semidesértica, por las constantes lluvias de la estación los cerros se ven verdes y siempre es agradable a la vista. Esta ruta en particular me gusta más porque a diferencia de la que les contaba en la entrada pasada, aquí si hay ascenso, y mucho, dividido en dos tramos largos y uno corto justo a la mitad, amén de que el descenso es una gozadera: rápido y duro por la terracería compacta pero pedregosa. La próxima entrada les describiré kilómetro a kilómetro como es mi ruta de entrenamiento por esta zona.

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