Diarios de Bicicleta (Parte 3)

Aquí les voy a contar como es mi recorrido favorito en bicicleta de montaña, cuando ando en plan relajado la recorro una vez y listo, de regreso a casa, pero cuando ando de buenas me echo un par de vueltecitas para dejar constancia de que hay pocas cosas mejores en la vida que andar en bicicleta de montaña. Normalmente inicio mi recorrido temprano, si se puede antes de las 7 am mejor, pero hasta las 10 am es una buena hora para recorrerlo, a veces cuando me acompañan amigos iniciamos hasta las 2 pm y el sol se vuelve un factor a veces no grato, aunque también muy temprano suelen haber unos 15 grados centígrados y no es demasiado agradable respirar aire tan frío. Caliento brevemente dentro de mi casa, reviso la bicicleta, me coloco el casco, los guantes y los lentes, ajusto todo y listo, salgo de casa a un paso de calentamiento hasta que entro a un centro comercial que se ubica a algunos cientos de metros de casa.

Ahí hago el clásico ritual de todo ciclista que arranca un entrenamiento o una carrera, me concentro, visualizo lo que voy a hacer y me encomiendo a Dios. Llego a mi línea de arranque virtual y me subo al asiento manteniendo en el piso la punta de mi zapato izquierdo para guardar equilibrio, y ¡bang! Inicio mi recorrido. Al principio debo circular 1 km dentro de un fraccionamiento residencial, pero como casi no hay tráfico imprimo un ritmo mediano, justo al afrontar los primeros 250 m hay una pequeña subida que parece nada pero en realidad si se complica un poco, tomo hacia mi izquierda y salgo del fraccionamiento buscando una carretera de cuatro carriles que me llevará a la entrada de una avenida que me lleva al Parque El Riego, un bonito lugar de esparcimiento que la gente poco aprovecha pero que yo suelo usar para trotar.

Aquí empieza la terracería, es compacta y sin mayores complicaciones, hay que cruzar una meseta de unos 16 km2 dónde deben de haber más de 25 caminos y senderos distintos que la recorren en todas direcciones y a veces hay vehículos de motor circulando en ellos por lo que ir rápido es una opción siempre y cuando lo hagas con precaución. Al suroeste de la meseta se llega a un camino dónde la pendiente empieza en el 5% cruzando un túnel que pasa justo por debajo de la autopista que comunica al centro del país con Oaxaca, al salir de este punto inicia un porcentaje más agresivo de inclinación hasta que llega un lugar dónde subes un cerro en menos de 500 m de recorrido, brutal para las piernas pero combustible puro para el alma. Cuando culminas la subida ya llevas acumulado en el GPS unos 150 metros de ascenso y si giras tu cabeza hacia atrás podrás apreciar en todo su esplendor a esta bonita ciudad dónde vivo.

Ahí comienza un descenso corto y rápido donde puedes aprovechar para descansar un poco las piernas, para afrontar un camino recto y plano pero con saltos y obstáculos que debes evitar con mucha técnica. Y aquí empieza lo bueno: unos 8 km de ascenso puro, no tan brutal como el primero pero que si pasa factura, a la mitad de esos 8 km tu organismo ya resiente el esfuerzo. Normalmente es aquí dónde suelo apretar el ritmo, la subida constante es lo mío en montaña y progresivamente voy aumentando mi ritmo hasta alcanzar unos 35 km/h con picos de 42 km/h cuando me decido parar sobre los pedales y esforzarme un poco. Al cabo de este tramo se da la vuelta en 90 grados y se afronta un pequeño plano de máximo 100 m, para pasar a otros 100 m de subida relajada y finalmente 500 m de ascenso brutal.

Faltando medio kilómetro para la cima del recorrido llega el momento culminante, la subida debe tener una inclinación de 20%, es decir en 100 m que recorres en línea recta subes 20 m, y al cabo del tramo acumulas otros 100 m de ascenso en el GPS. Esta es mi parte favorita del recorrido, suelo bajar a la estrella más pequeña y al engrane más grande para afrontar esta parte de la mejor manera, a riesgo de sonar arrogante les puedo decir que, aquí, nadie me gana. He conseguido diferencia de minutos en este pequeño tramo contra otros ciclistas que sencillamente no pueden con este terreno. Creo que se vive para momentos como este. El punto más alto del recorrido ha llegado y toca bajar por un terreno estable pero peligroso, luego vuelves a subir pero aquí empiezan los problemas, mucha, pero en realidad mucha piedra suelta hacen que subir unos 150 m en línea recta se convierta en una tarea realmente tortuosa. Luego de esta pequeña subida comienza el brutal descenso.

Tres cuartas partes de la altura acumulada se baja en un camino ancho, con terracería compacta pero muy brincona, con facilidad se pueden alcanzar velocidades de 50 – 60 km/h y entonces si echas de menos una bicicleta con suspensión trasera. Aquí no suelo tomar demasiados riesgos, lo que gané en la subida me es suficiente para bajar a una media de 35 – 40 km/h sin tomar demasiados riesgos. A la mitad del descenso el camino mejora y puedo adoptar posición de descenso como en la bicicleta de ruta y no pedaleo, con lo que recupero mucha de la energía perdida en el ascenso. Al terminar el descenso llego nuevamente al entronque con la autopista y debo subir un puente que nuevamente le hace sufrir al organismo, bajo el puente y viene una pequeña cuesta abajo dónde se puede volver a descansar. En ese momento se toma un rápido giro a la derecha para volver hacia la meseta del Riego, los próximos 4 km son planos pero sumamente técnicos, el camino suele estar en mal estado por el paso de tractores y hay que rodar justo a las orillas del camino, se puede ir rápido pero con cuidado.

Finalmente se llega a una cañada con un descenso bastante técnico y complejo, el agua y el viento cambian las condiciones del camino: hay ocasiones donde se puede descender montado en la bici y en otros casos conviene mejor bajarse de la bicicleta y echarse el recorrido a pie con la bici rodando. Para esto hay que leer el terreno lo mejor posible, la experiencia te dirá que es lo mejor por hacer. Una vez superado este punto se vuelve a subir lo mismo que se descendió en la cañada y se recorrerán un par de kilómetros en plano pero siempre por encima y a la orilla de un cerro que bordea la ciudad. Al final de estos kilómetros se llega al punto final: un descenso fuerte y complejo, se desciende unos 100 m en cuestión de 600 m de recorrido, los frenos sufren y el organismo también, al terminar el descenso se llega a la meseta dónde todo inició y listo el GPS marca 22.7 km totales de recorrido y 385 m de ascenso. Cifras bastante dignas. Uno decide si vuelve a tomar el camino y hacer otra vuelta o irse a casa, créanme: a veces las piernas dicen “vámonos de aquí” aunque la voluntad siempre gritará “pero antes otra vuelta”.

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