Un año sin internet

Hace unos días descubría que Paul Miller, editor de The Verge (antes de Engadget), se había desconectado de internet por completo desde el primero de mayo de 2012 y que así pensaba permanecer durante un año completo. Suena a algo fácil, pero yo no salía de mi asombro por tal proeza. Pasar 365 días desconectado de internet se me hace, en lo personal, una verdadera odisea. Miller nos cuenta su día a día alejado del internet en su sección Offline, los invito a que la lean, resulta un experimento realmente interesante. Pero a continuación le voy a proveer, estimado lector, de algunos pensamientos aleatorios sobre internet y la tecnología como forma cotidiana de vida.

En noviembre de 2011 yo planteaba en mis redes sociales que durante el paro invernal que se avecinaba iba a llevar a cabo algo a lo que denominé el proyecto “Unplugged”. Era simple, se trataba que durante dos semanas completas, del 18 al 31 de de diciembre, no iba a tocar mi computadora, ni mi smartphone (ni siquiera el del trabajo), ni mucho menos mi tablet; quince días como desde hace más de una década y media no la había pasado. Al principio todo lucía fácil, de hecho en esos días trataba de recordar cómo era mi vida en la época previa a internet, para mí allá por 1996: siempre he sido un asiduo a la información de tópicos de mi interés, en aquellos entonces la TV por cable, las revistas especializadas y los libros eran mi referencia. Tocaba una computadora una vez por semana, y en ocasiones no tenía tanta suerte. Videojuegos eran lo mío, desde mi Atari jugaba algo muy similar a la F1, nunca tuve Nintendo pero a veces iba a casa de un amigo, llevaba mi Atari y compartíamos juego. La música y el deporte complementaban mi día a día, además de la escuela, obviamente.

Una vez que me volví usuario de internet, 1997 en adelante, todo cambió. Desde mediados de 1998 entro a internet todos los días sin falta, no hay un motivo o situación que recuerde por la que en 15 años me haya visto impedido de conectarme al menos por algunos minutos diariamente. Desde 1999 paso conectado a la red de redes entre 4 y 5 horas diarias, a veces hasta 12 por cuestiones laborales. Desde 2003 no ha habido un sólo día en el que haya yo salido de mi casa, en días normales claro está, sin que en la espalda lleve mi mochila con una laptop dentro de ella. Y todo empeoró con la llegada de las Pocket PC, su sustitución por los smartphones y ahora la adición de la tablet. En general soy un adicto a la tecnología y al internet, pero de la misma manera en que la mayoría de la gente es adicta al agua caliente y a los alimentos preparados, ¡vamos!, para mí es una necesidad.

A diario escucho frases hacia mi persona como “eres un adicto a tu smartphone”, “siempre te veo conectado a internet”, “sólo piensas en tu computadora”, “no puede ser que lo primero que veas al despertar sea tu teléfono”, “¿cuándo me vas a poner atención y dejar de lado tu tablet?”, y en realidad me importa una mierda, como ya lo dije, son mis instrumentos de trabajo y además mi afición, quizá hasta mi pasión. A mis seres queridos trato de dedicarles tiempo y uso a la tecnología para acercarme más que ausentarme de ellos. Pero después de un rato pensé que sería buena idea desconectarme de la tecnología y por ende de internet al final del 2011, un año que particularmente había sido difícil para mí.

Inicia el proyecto “Unplugged”

Ya entrado en diciembre de 2011 me di cuenta de lo difícil que sería no tocar mis gadgets, dependo de ellos mucho más de lo que imaginé. Para empezar el smartphone es mi despertador, mi estación portátil de videojuegos, mi agenda, mi GPS, mi cámara digital, mi entrenador cuando me subo a la bicicleta o cuando corro, y por supuesto mi medio primario de comunicación, en la casa hay un teléfono fijo pero creo que durante en último mes lo he tocado un par de veces nada más. La tablet me permite leer libros e información en general, amén de que también es mi consola de videojuegos, a pesar de que no soy un hardcore-gamer, si me resulta reconfortante tomar la tablet y distraerme para matar tiempos muertos cuando se debe. La laptop es mi vida entera, ahí tengo toda mi información y además es mi medio de diversión primario, hay un reproductor de audio y otro de video en casa pero casi nunca los uso, no tengo TV por cable y por ende todo lo que consumo en medios visuales es a través de la laptop. Entonces me di cuenta que no se trataba de volverme un monje, simplemente era cambiar mi dinámica diaria a través de la tecnología.

El proyecto “Unplugged” se replantea

Por consiguiente, y dado el análisis previo, dije “no usaré internet por dos semanas, porque no puedo dejar de usar la tecnología así como así”, el proyecto “Unplugged” se había replanteado, también lo reprogramé para empezarlo un poco después. Podría utilizar mis gadgets pero no conectarlos a internet y con ello intentar reducir su cuota de uso a lo mínimo requerido. El martes 20 de diciembre di por iniciado el proyecto. Recuerdo perfectamente esos días. Los primeros 2 días fueron relativamente fáciles, tenía en mente recorrer varios cientos de kilómetros en mi bicicleta de ruta. Iniciaba muy temprano y terminaba ya entrada la tarde, intentaba replicar la vida de un atleta profesional y eso me mantenía sumamente ocupado y me parecía realmente divertido. Finalmente por las noches no hacía más que ver TV y ocasionalmente ver una película. Así transcurrieron martes y miércoles, ¡logré pasar 48 horas desconectado de internet!, me dio un gusto enorme haberlo logrado. El jueves y viernes también fue pan comido, pero tuve ayuda externa. Ese par de días asistí a un centro vacacional a 200 km de distancia de casa a la reunión anual del trabajo, el recorrido y las reuniones me ayudaron el día jueves. Ese mismo día por la noche me tomé varias horas sólo en total reflexión sin el ruido que las redes sociales causan en la vida de todo ser humano de la actualidad, ¡mierda! se sintió realmente genial. El viernes fue más de lo mismo, entre el desayuno, el acompañar a mi amigo a sus compras navideñas y el regreso a casa se me pasó todo el día, cansado por la noche sólo atiné a ir a comprar una nueva silla muy de “a gerente” para mi oficina en casa y terminé durmiendo plácidamente. Durante la mañana del sábado logré completar 100 horas fuera de internet, un verdadero logro, pero no pude más. Ese mismo sábado me reconecté a internet y por lo mismo el proyecto “Unplugged” había fracasado.

El fracaso del proyecto “Unplugged”

Simplemente no pude, necesitaba revisar un correo y verificar una información con relación al automóvil, además de que necesitaba esa dosis de bytes que todo nativo digital (dicen que soy nativo, aunque yo pienso otra cosa) necesita para su día a día. Twitter y Facebook fueron los siguientes dos sitios que revisé tras el correo y una página de autos. Decenas de “likes” no revisados, varios mensajes, un par de solicitudes de amigos, pero sobre todo mucha información que en 100 horas no había revisado en Facebook me hicieron sentirme bien otra vez, ni que decir de Twitter, ver los tweet de mis cientos de “seguidos” y “seguidores” me hicieron darme cuenta de lo mucho que necesitamos a toda esta mierda en forma de 0 y 1. Pero, pensé, esto no se puede quedar así, debo poder, entonces me dije “paso a paso, dejemos por una semana Facebook y Twitter”, y eso si lo logré. Del 24 al 31 de diciembre no entré ni a Twitter ni a Facebook, las dos redes sociales que más uso, y con ello le di cierta validez a mi proyecto experimental. Créame, pasar 100 horas continuas alejado de internet y siete días fuera de dos plataformas muy arraigadas en mí creo que tiene suficiente valor.

El futuro del proyecto “Unplugged”

Esta es la primera vez que abiertamente hablo del caso, y me inspiró definitivamente lo que Paul Miller está haciendo, cabe citar que él también se ha tenido que replantear su aventura, pero definitivamente, que yo pueda pasar un año lejos de internet si se me hace algo imposible, literal: imposible. Estamos en octubre, y falta mucho para el paro invernal, voy a intentar replicar el proyecto, creo que pasar una semana sin gadgets y una semana sin internet es algo viable, principalmente porque tengo muchas ganas de usar mi bicicleta por muchos más kilómetros de lo que la he usado en mis previas vacaciones. Es una intención, y realmente espero lograrlo, ya les contaré a principios de 2013 si lo logre o se quedó en el tintero como el año pasado. Por otra parte, si Miller logra completar 8760 horas alejado de internet, entonces todos deberíamos aportar algo y cooperar para la construcción de un monumento en su honor asentado en la ciudad de Nueva York, porque en verdad, 365 días fuera de internet es un verdadero logro en estos días.

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