Mi historia de amor – odio – ¿indiferencia? a los automóviles

Adoro los autos, eso lo saben muchos, en mi infancia y juventud no había nada más allá que los automóviles, de hecho, mi pasión por los motores fue el último empujón que necesité cuando elegí mi carrera profesional. Hay un auto a mi disposición diariamente desde que tenía 15 años de edad, es decir, la mitad de mi vida he tenido medio de transporte motorizado de uso personal y llevo más años conduciendo un automóvil que haciendo otras muchas cosas, 19 años de hecho. Sin embargo hace unos 5 años atrás comenzó mi descontento con los automóviles. Antes de 2007 era el clásico entusiasta de los autos que se sabía perfectamente todos los modelos de todos los principales fabricantes a nivel mundial, ya saben, alguien decía “un Volkswagen Golf GTi del 2006” y yo esbozaba rápidamente en mi mente “motor 2.0 litros turbo con doble árbol de levas e inyección electrónica directa estratificada, suspensión independiente, tracción delantera, caja de 6 velocidades robotizada DSG, …”, me enorgullece pensar que durante más de 10 años de mi vida era yo una especie de enciclopedia automotriz caminante … pero ya no más, hace unos días alguien me hablaba del nuevo Nissan Sentra … y todo lo que pude decir de ese auto fue “hace unos años conduje uno y era muy bueno”. He aquí la historia de alguien que pasó del amor a los automóviles al odio y luego a la indiferencia.

¿Me dejaron de gustar los autos? No en realidad, me sigo considerando un entusiasta de ellos, hay modelos que jamás olvidaré, un Audi S4 del 2000, un Nissan Lucino GTR de 1997, un Opel Corsa OPC de 2002, un Mercedes C43 AMG de 1999, un Mitsubishi Evolution IX del 2006, un Subaru Impreza WRX STi  del 2010, un Chevrolet Corvette ZR-1 de 1998 … esos autos y muchos más son piezas mitad arte y mitad ingeniería que siempre tendré en mente y a uno de ellos en mi corazón. Pero difícilmente les puedo hablar de un auto actual que me cause un gusto como antes, recientemente vi en internet un Audi A1Quattro y me agradó mucho, aunque perdí el interés pronto. Creo que solamente los autos de carrera me siguen apasionando, pero ya no como antes.

Cuando iba a la escuela, hoy tiene cerca de 7 años y medio que egresé de la Licenciatura, era yo adicto al deporte motor: Fórmula 1, Champ Car (Antes CART, antes Indy Car), Indy Racing League, WRC, MotoGP, Superbikes, DTM, WTCC, Formula Nippon, …, la lista era interminable. De 1994 a 2006 no me perdí una sola carrera de Fórmula 1, y lo mismo pasó en Champ Car pero de 1990 a 2002 y luego nuevamente de 2003 a 2006. Hoy difícilmente veo una carrera completa de F1, durante el año he visto sólo 3 grandes premios completos y no he visto una carrera de Indy desde hace un par de años. El WRC lo sigo, pero tampoco me interesa demasiado, total, ya se que va a ganar Sebastian Loeb. ¿Motos? No sé a ciencia cierta quienes han sido los últimos dos campeones de MotoGP y ni hablar de otras categorías, me sorprendí cuando supe que David Coulthard se iba a retirar de DTM, pensé que el escocés sólo era comentarista de F1 y lamebotas de Red Bull Racing. Creo que el deporte motor también perdió su lugar privilegiado en mis intereses lúdicos … ¿mi pasión? Creo que ya no más, por lo menos no como antes.

¿Me cansé de todo eso, nunca me gustó realmente, el ciclismo ocupó su lugar? Nunca he hablado al respecto, y creo que este post es una especie de confesión pública. Pero vayamos por partes. Para empezar nunca fui un adicto al automóvil en el sentido mundano, hace unas semanas vi a un vecino (de la burguesía) sacar el auto de su cochera para ir a comprar un refresco a media cuadra de distancia y regresar a casa, y pensé “yo nunca fui tan hijo-de-puta en ese sentido”. Recuerdo perfectamente cuando aprendí a manejar, realmente me urgía, a los 11 años de edad y apenas 1.55 metros de altura, tomar un auto y manejarlo. Mi padre, otro entusiasta de los autos y motocicletas notó eso en mí y me puso detrás del volante de su flamante auto europeo cero kilómetros. Lejos de miedo me llegó una dosis de responsabilidad inusitada; sé que a los 11 años eres todo menos responsable pero cada vez que tomaba el auto de mi padre, él en el asiento del pasajero, por mi mente pasaba: “no vayas a golpear el auto u obtener una infracción porque nunca más vuelves a subirte”. Fueron días difíciles, mi padre es un tipo difícil (mucho más de lo que la gente dice que soy yo mismo), él no tolera ni un gramo de fracaso en su primogénito, y no fueron pocas las veces dónde su ímpetu para que yo fuera un conductor excelente lo hicieron exaltarse, hoy agradezco mucho eso, porque creo que gracias al nivel de exigencia impuesto por mi padre he sido un gran conductor y gracias a  Dios nunca he estado involucrado en un accidente automovilístico de fatales consecuencias.

Cuatro años más tarde era yo un verdadero experto detrás del volante, modestia aparte, nunca obtuve una infracción hasta 8 años después de haber aprendido a manejar (y fue por exceso de velocidad, ya saben 160 km/h en una zona de 80, la autoridad a veces es poco comprensiva) y mucho menos un incidente de tráfico. Justo antes de cumplir 15 años ya acumulaba varias decenas de viajes por carretera y la gente a mi alrededor me consideraba un “un buen conductor”. Todo esto creo que le dio la suficiente confianza a mi padre para cuando ingresé a la preparatoria soltarme un auto y decirme “está a mi nombre, pero es tuyo, tú lo manejas, tú lo cuidas, tú lo reparas, comete un error y no volverás a manejar ese auto”. Recuerdo esa tarde como si fuera ayer mismo. Tomé el auto y fui a ver a mis tres mejores amigos, sus sonrisas lo dijeron todo, ¡teníamos cómo desplazarnos más rápida y eficientemente!, pero nada de alcohol, nada de tabaco, nada de llenar el auto de amigos y sobre todo: sólo se subían las mujeres que yo autorizaba. También quedó perfectamente claro entre ese grupo de cuatro amigos que las estupideces y excesos estarían prohibidos, al menos si el auto estaba cerca de nosotros, aunque a cambio nos permitiría ir a lugares … digamos culturales y de esparcimiento.

Un amigo me decía que las chicas iban a llover cuando vieran que tenía auto, y en ese momento pensé “que patética debe ser la vida de alguien para obtener mujeres mediante un trozo móvil de metal”. Nunca lo usé para “conquistar”, de hecho ocultaba el auto lo más que podía, si alguna chica se ganaba mi confianza entonces si le decía “mira, tengo un auto y vamos a dar la vuelta”. Ese auto lo cuidaba más que a mi vida misma, pasaba más tiempo mejorándolo y arreglándolo de lo que pasaba manejándolo, ironías de la vida. Esa época me trae grandes recuerdo puesto que creo que fue ahí cuando perfeccioné muchas habilidades mecánicas y eléctricas que al final me llevaron a ser el Ingeniero que actualmente soy.

Para ese entonces era un ávido corredor de karts (más amateur de lo que el término amateur pueda revelar), ahorraba dinero durante la semana y el viernes por la tarde pagaba la renta de un Go-Kart y pasaba horas sentado sobre él conduciendo a toda velocidad. Nadie nunca me ganó una carrera en tres años que participé, incluso en alguna ocasión el hijo del dueño del kartódromo me pidió que corriera contra él para hacerla de “pera de boxeo”, pero se llevó una ingrata sorpresa, no fue más rápido que yo, aún cuando era varios años mayor y su Go-Kart era bastante más avanzado. Nunca pude concretar nada más allá de eso porque para ese deporte antes que talento se necesita dinero o conocidos que te puedan ayudar y yo no tenía ninguno de los dos. No voy a venir a escribir aquí que en otras circunstancias habría llegado a Fórmula 1 pero me es grato recordar que en esos años demostré que tenía algo de talento para ello, por lo menos era muy rápido. Esto incrementó mi gusto por los autos de carrera.

Cuando entré a la Universidad fue más de lo mismo, autos, autos y más autos. Mi mujer me conoció amando a los autos y ella misma se volvió una adicta a ellos, a veces suena extraño cuando ella dice que es fanática de Kimi Raikkonen, pero definitivamente me encanta que ella comparta mis pasiones. En esa época el auto que años atrás me había dado mi padre estaba en perfectas condiciones, nada le fallaba, y se convirtió en un gran acompañante de Carolina y mío en esos hermosos años. Ella recuerda con mucho cariño ese auto que nos permitía desplazarnos cómodamente e ir tan lejos como quisiéramos. Éramos Carolina, el auto y yo. En esa época también me volví un experto en reparación y mejora automotriz, no había nada que no pudiera mejorar o reparar en un auto, a la fecha sigo siendo bueno, pero en esos ayeres era mucho mejor.

Esperaba ansioso el día que saliera de la carrera y me pudiera comprar un auto europeo del tipo compacto deportivo. El momento llegó, salí de la carrera, trabajé y trabajé y trabajé, el tiempo se redujo y empecé a perder oportunidades de ver carreras y también de pasar mucho tiempo arreglando mi auto. Entonces llegó el gran día, mi auto compacto llegó a mi vida, pero para entonces las horas que pasaba al volante, el tráfico, los gastos que salían de tener un auto propio y la estúpida dependencia a un armatoste de cuatro ruedas me hicieron perder el encanto. Como lo mencioné antes, a finales de 2007 tenía un descontento total con los autos, al menos los de calle. Mi principal malestar pasaba por la cantidad insana de dinero que había que invertir en él habiendo ya pagado para que la factura apareciera a tu nombre. El seguro me incomodaba muchísimo, una puta mierda pagar miles de pesos para que nunca lo uses, pero como siempre pasa, cuando lo necesitas agradeces tenerlo. En ese momento un compañero de trabajo me comentó lo que le había pasado con una aseguradora cuando le robaron sus cuatros llantas, y en ese momento dije “a la puta mierda con el seguro”.

De cualquier manera, era un ladrillo en la pared. La puta tenencia de mierda era el dolor-de-culo más grande de la historia, para quien no viva en México imagine tener que pagar por tener un auto, pues nuestro gobierno de mierda lo hace, y desde 1968. Finalmente el pago de la tenencia se derogó pero ahí sigue su putañero pago de control vehicular y la verificación semestral que hay que pagar y pasar, lo repito: una puta mierda. Y ni hablar de los gastos de mantenimiento, tener un auto europeo en México es otro gran dolor de cabeza. En ese momento toda la dulzura de tener un auto durante más de 10 años se fue al retrete. Obviamente no vendí el auto, lo mantengo porque lo necesito, y hasta cierto modo mi familia lo necesita también, pero ya no espero el momento de ponerme detrás del volante, se ha vuelto algo cotidiano y mundano ya.

Si me conoce o ha navegado este sitio o mis redes sociales sabe perfectamente que soy un ávido ciclista, pero hasta este año la bicicleta no era mi medio de transporte, era mi instrumento de diversión infinita y mi medio para hacer ejercicio. No había considerado usar mi bicicleta para transportarme dentro de la ciudad. Desde febrero de este año me decidí a guardar el auto por las tardes y regresar al trabajo tras la comida en bicicleta. La mejor decisión que pude tomar en mi vida. Literal, tomaba la bicicleta y por 4 kilómetros era yo feliz, no tenía problemas y además hacía un poco de ejercicio. Al salir del trabajo por la noche era una nueva aventura emprender el camino de regreso a casa pedaleando y con el viento primaveral golpeando tu rostro, toda una experiencia. Recuerdo perfectamente una tarde de verano antes de tomar un par de semanas de vacaciones, salí del trabajo rumbo a casa, tomé mi bicicleta y durante todo el camino llevaba una sonrisa en la cara mientras pensaba “el cielo en la Tierra” … iba a pasar 15 días en total paz y con mi bicicleta al lado.

Curiosamente, cuando dejé de usar el auto por la tardes la gente se mostraba sorprendida, no fueron pocas las personas que me dijeron “¿dónde dejó el coche ingeniero?” o exclamaron con mucha sorpresa “¿por qué ya no usa el auto?”, incluso un compañero de trabajo me dijo que “era bastante estúpido dejar un auto para tomar una bicicleta, se pierde estatus”. Exactamente, muchas personas, lejos de ver al automóvil como un mero medio de transporte o en todo caso como una pasión lo ven como un elemento diferenciador entre las personas. Por lo que entiendo, para la mayoría de los pobres-diablos de la actualidad no tener auto o no presumirlo es equivalente  que eres inferior, ¡vamos! que parece que entre más costosa sea la factura mayor es tu nivel en la escala de evolución humana. Pues ahora me veo indiferente a los autos, de calle al menos. Lo admito, conservaré el mío a pesar de los gastos que involucra y al hecho de que te vuelves esclavo de él, pero buscaré a toda costa la independencia del automóvil. No creo que resulte sano vivir una vida dónde vives para trabajar y trabajas para pagar los gastos del auto, por ello ¿comprarme un auto nuevo cero kilómetros?, no lo creo, no al menos en los próximos diez años, simplemente no me interesa y sobre todo no se me hace una decisión inteligente, porque ya he comprobado que un automóvil no es una inversión, es un gasto, a diferencia de una bicicleta que su precio lo divides entre el número de kilómetros que recorres, con un auto debes de multiplicar cada kilómetro que recorres por una cantidad obscena de dinero, ¿lo ven? las matemáticas confirman mi hastío de los autos.

Para finalizar, todo mi odio hacia los autos se esfuma cuando voy al supermercado y debo regresar a casa con varios kilogramos de mercancía, o cuando llueve tan fuerte allá afuera que apenas y puedo mantener el equilibrio encima de la bicicleta, o cuando llevo a mis seres queridos a algún lugar retirado y viajamos con toda comodidad … ¿saben?, en realidad no odio a los autos y jamás los he odiado, simplemente los veo con los ojos de la madurez y el entendimiento, y sí, lo acepto son muy necesarios a pesar del grave daño ambiental que involucran y al hecho de que consumen recursos no renovables amén del caos que causan en la ciudad. Entonces, un auto es una herramienta, un instrumento, y por ende en el uso que le demos estarán las ventajas y los beneficios … bueno ya, dejo de escribir, es hora de tomar mi bicicleta y salir a dar una vuelta, gracias por leerme.

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