Diarios de Bicicleta (Parte 6): MTB Nocturno

Definitivamente las nuevas experiencias dan sentido a la vida. Todo aquello que nos resulta novedoso también nos presenta matices de intriga y nos desarrolla ese inherente deseo humano de ir tras lo desconocido. Este fin de semana largo estaba dispuesto a hacer algo nuevo y por lo tanto diferente sobre mi bicicleta de montaña, pero tras 4 años de rodar miles y miles de kilómetros no resulta fácil encontrar nuevas aventuras. ¿Nuevas rutas? Podría ser, pero definitivamente más temprano que tarde se convierte en algo normal, ¿qué tal otra disciplina del MTB? … creo que ya he probado de todo, hasta Downhill pues. La idea surgió de ver un video en YouTube sobre una carrera de MTB (BTT en España, ciclismo de montaña para todos) que se lleva a cabo en el norte de México desde las 9 pm hasta las 9 am del día siguiente, recorriendo algo así como 250 km, el Bazareño 12Help.

La idea es simple: se rueda durante 12 horas continuas en un circuito de 16 km de longitud y con ascensos y descensos, pero obviamente el valor agregado es hacerlo durante la noche y la madrugada. Para poder lograr esta hazaña, además de una condición física excepcional y unas habilidades muy desarrolladas al circular rápido en MTB se necesita cierto equipamiento extra como luces frontales y traseras. En general, eso de circular en bicicleta en la oscuridad no es algo novedoso para mí, de hecho suelo de vez en cuando tomar mi bicicleta durante la noche y salir a dar una vuelta en plan de paseo por algunos minutos y también en los últimos meses al usar mi bicicleta como medio de transporte necesito a veces rodar de noche para regresar a casa … ¿pero rodar a modo de ensayo de carrera? eso jamás lo había intentando.

Los riesgos se multiplican, porque al ir hasta 5 veces más rápido que cuando salgo de paseo casi en esa misma proporción se multiplican los riesgos de tener un accidente ya sea por caída o golpe. Pero ¿qué es de la vida sin los riesgos y los peligros? La adrenalina es una potente y a menudo letal adicción. Así pues, la tarde del pasado lunes, a eso de las 5 pm (por la región dónde me encuentro y la estación del año a las 6:45 pm ya se está en total oscuridad) comencé con los preparativos. Para empezar lo de siempre: presión de llantas, efectividad de frenos, lubricación de cadena, los cambios, la posición del asiento y listo. Pero había que agregarle las luces. La frontal cumple con un doble propósito, ver y ser visto, mientras que la trasera sólo es como medida precautoria y que los demás te puedan ubicar en todo momento. Muchas marcas de accesorios para bicicleta tienen soluciones desde simples y económicas hasta avanzadas y costosas. Yo uso algo justo a la mitad.

Desde hace un par de años tengo conmigo un juego de luces tanto frontal como trasera, ambas de muy buena eficiencia luminosa debido a su tecnología LED. La trasera es lo suficientemente buena para ser visto tanto en la completa oscuridad como en el tráfico intenso de la ciudad, ya saben, hay que evitar el clásico “uyyy joven, ya lo atropellé, es que no lo vi”. Mientras tanto la luz frontal tiene un alcance de 5 metros, bastante útiles. El único problema de ambos casos es su tamaño y peso, al ser económicos sacrifican materiales y los plásticos suelen ser de un volumen exagerado, nada fuera de lugar pero que no podría ser catalogado como algo profesional.

Es muy necesario ajustar la luz delantera, si apunta muy hacia abajo se tiene mayor intensidad pero no puedes ver más allá de un metro de distancia, caso contrario si se encuentra demasiado horizontal. En mi caso opté por un alcance de unos 5 metros con un haz de luz que en circunferencia abarca 1 metro cuadrado aproximadamente, no es mucho, pero a modo de prueba sonaba como algo efectivo, ya sobre la marcha podría ir calibrando este apartado. Con la luz trasera no hay mucho problema, lo único que cambié fue el hecho de que en lugar de que se mantuviera encendida en todo momento estuviera destellando para que resulte un tanto más efectiva en la ciudad.

El circuito que iba a recorrer tenía exactamente 3.5 km de longitud y es una extraña mezcla entre un short-track en tierra con un poco de ascenso y una sección muy técnica en pasto algo crecido para retornar a calles pavimentadas y adoquinadas dentro de la ciudad que durante esas horas son poco transitadas. El plan era un arranque tipo Copa del Mundo, sobre la bicicleta en una línea establecida, aunque el modo LeMans dónde se corre hacia la bicicleta para luego tomarla y arrancar me parece una interesante opción a futuro. Dos vueltas al circuito y listo.

Entonces procedí a calentar un poco, rodé unos metros y me di cuenta de que el frío se sentía fuerte, unos 16 grados Celsius que con el aire se convierte en una sensación térmica de unos 10-12 grados. Además de mi casco, mis lentes y mis guantes tuve que optar por una buena sudadera que además de protegerme del frío me ayudara a mantener el calor corporal durante los 7 km. Aquí cabe hacer una interesante recomendación para el frío: si cuando comienzas a rodar los primeros metros aún sigues pasando frío es una buena señal, se va a quitar pronto. Por otro lado, el uso de lentes es muy importante, obviamente no pueden ser oscuros, se puede optar por una mica transparente o alguna tintada en color amarillo. Ambos casos a mi me funcionan, aunque el color amarillo lo prefiero para cuando amanece, cuando comienza el atardecer o en días nublados; Oakley ofrece grandes soluciones, desafortunadamente el precio es alto.

Pues listo, justo a las 6:50 pm me puse en mi línea virtual de arranque, es un circuito diseñado por mí y que por ende conozco a la perfección, por lo tanto la idea era ir rápido, pero sin arriesgar en las zonas muy oscuras que a la vez son las más técnicas. Y ¡bang! el arranque virtual llegó, son 100 m en línea recta pero a fondo con iluminación regular dado que es una zona semi-urbana, luego se da la vuelta en 90 grados a la izquierda y se afronta una larga recta en ascenso dónde metro a metro se va entrando en la oscuridad total, aquí alcancé el tope de 32.4 km/h, poco puesto que mi lámpara no me ayudaba a ver más allá y en varias ocasiones golpeé fuerte una roca por no poder advertirla a tiempo. Todo pasa muy rápido, es como si fueras viendo a través de un cono, y por ende todo luce diferente. Diría que se asemeja mucho a un video-juego, sólo recordemos que no existe la opción de reiniciar el juego si algo malo ocurre.

Es ahí cuando se llega a la zona técnica, al principio es un camino estrecho que no da margen a errores, simplemente no se puede ir rápido, 7 u 8 km/h es lo normal. Y entonces cae uno a una zona amplia pero con pasto, una tortura debido a su altura, cuesta mucho trabajo pedalear y en caso de encontrar un hoyo o una piedra el piso nos espera con sus brazos abiertos, intentando no perder más velocidad me paré sobre los pedales, pero la total oscuridad me hizo ser mesurado a la hora de afrontar curvas o saltos, aquí deben de ser unos 2 km, dónde pierdes mucha velocidad pero ganas mucha diversión. Una experiencia altamente recomendable, pese a la ausencia de la velocidad, la dificultad del terreno y la necesidad de tener buenas habilidades sobre la bicicleta nos hacen disfrutar mucho del momento.

Al terminar esa parte es hora de volver por dónde llegamos, pero ahora en bajada, a pesar de que es cuesta abajo prefería ahorrar energía porque quedaba una vuelta más y como ya lo dije antes el pasto me hizo sacar la lengua del esfuerzo. Una vez terminada esta parte se entra a la ciudad, son varias calles y vueltas a 90 grados para afrontar una avenida empedrada que al llegar al final se da una vuelta en U para retomar el camino y reiniciar el circuito para la segunda y definitiva vuelta. En la ciudad se puede ir más rápido porque el alumbrado público, aunque pobre, ayuda. Desafortunadamente no se puede ir a fondo porque son zonas habitadas y no quieres atropellar a alguien, ni siquiera a uno de esos estúpidos perros que te ladran como su estuvieran mal de sus facultades mentales.

La segunda vuelta fue un poco más rápida, pero muy similar a la primera. Algo que debo confesar que disfruté mucho fue el hecho de que la adrenalina bombea en tu sangre a cada instante. Cuando vas en la total soledad en medio de la oscuridad es una sensación inigualable, es como miedo, bueno, en realidad es miedo, porque sabes que si golpeas algo te vas a caer y te a doler, quizá ni siquiera te puedas levantar y dado que estás en la oscuridad nadie te podrá ayudar … es como intentar controlar lo incontrolable.

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