No es una bici, es una vida, ¡idiota!

542573_451275888274332_627958290_n

¿Se saben el principio KISS? ¿no?, bueno, KISS es el acrónimo para “Keep It Simple, Stupid” o “Manténlo sencillo, idiota”, algo que todos deberíamos aplicar a ciertas cosas, como desplazarnos por la ciudad. Recientemente el mundo del ciclismo deportivo de alto nivel fue cubierto de sangre, dolor y tristeza por la repentina muerte por atropellamiento de dos estandartes del mountain bike: el 16 de diciembre de 2012 Iñaki Lejarreta (Orbea Racing Team) muere en Vizcaya, España trás ser arrollado por un auto; y unos días después, el 3 de enero del presente, Burry Stander (Specialized Factory Racing) es atropellado mortalmente por un vehículo del servicio público en Sudáfrica. Ambos casos, de alta notoriedad, hicieron mucho eco a nivel mundial en sentido de brindarle mayor protección a los ciclistas, y que ellos mismos sean más precavidos a la hora de circular en vías compartidas con automotores. Muchos dirán: “son accidentes, y los accidentes pasan”, ¡no idiotas!, un accidente es algo que no puedes controlar, algo que pasa y que de cierto modo se puede considerar como un fenómeno aleatorio, atropellar mortalmente a un ciclista es un fenómeno determinista, derivado de puntos claves y no de aspectos incontrolables. Y porque estos dos eventos hayan ocurrido del otro lado del globo no significa que sea algo ajeno a todas las ciudades de México.

Ruedo bicicletas desde hace tanto tiempo que me es algo natural, lo hago por diversión, por salud, por competir, porque me gusta; pero apenas llevo un año de ciclista urbano, contra quince años de usar un automóvil cotidianamente como medio de transporte … entonces, antes que ciclista urbano soy automovilista y puedo dar mi humilde opinión sobre el caso. Pero para sentar precedentes, y contextualizar el caso comento lo que me ha invitado a escribir esta entrada. Hoy, día feriado en mi país, vengo rodando mi bicicleta de ruta sobre una avenida primaria de mi ciudad natal, Tehuacán, Puebla en México. Ruedo a extrema derecha y sin aspavientos, a pesar de que la bicicleta que ruedo ha nacido para correr yo no la llevo a más de 25 km/h, circulo con precaución, respetando luces de semáforos, pasos peatonales y sentidos de circulación; la calle está literalmente vacía por ser un día de asueto para la mayoría, de pronto escucho el fuerte sonido de una bocina (claxón) y de reojo miro a un camión pesado, se trata de un camión (trailer) con doble semi-remolque que circula en una vía urbana a más de 60 km/h sin la menor precaución, pasa tan cerca de mí que me hace desestabilizarme en mi circular.

Hace tiempo que me ahorro la expresión natural de mis sentimientos hacia este tipo de gente, así que sólo pronuncio un “¡idiota!” entre dientes y continúo con mi camino. Cuadras más adelante el camión se detiene, ilegalmente y sin el más mínimo respeto hacia los demás conductores, y el chofer del camión, de unos 60 años de edad baja para comprar algo en una tienda de conveniencia y al verme acercándome me increpa diciéndome “¡las bicicletas en el parque!”. No hago más que sentir profunda pena por un sexagenario que a pesar de toda la experiencia que la vida le pudo haber dado no es más que un imbécil monumental que debería de estar alejado de un camión que lejos de ser su instrumento de trabajo lo usa claramente como un arma, mortal. ¿Tanta era su prisa?, ¿era más importante avanzar un par de cuadras y ganarle al semáforo que bajar su velocidad y permitir que ese ciclista que no afecta a nadie continúe sin mayor problema?, ¿era necesario acercar tanto un automotor de decenas de toneladas a un ciclista de 76 kg y su bicicleta de 8 kg?. Su actitud y sus palabras al verme no hacen otra cosa en mí más que pensar que deliberadamente intentó afectarme.

Hace unos días un chófer del transporte público arrolló deliberadamente a una ciclista, esto ocurrió en la Ciudad de México, y no hace más que incrementar mi sensación de que los conductores de automotores tienen un serio problema contra los ciclistas, ¿y cómo olvidar a Ángel Verdugo que abiertamente invitó a “arrollar a esa plaga de ciclistas que invaden la ciudad“? … y podría seguir ejemplificando casos alarmantes. Claro, las autoridades, de Tehuacán, de la Ciudad de México y de todo del país mucha culpa tienen de todo esto. No han sabido darle el lugar que los ciclistas merecen y mucho menos han sido capaces de poner en órden a esos criminales tras el volante. Obtener una licencia en México (país) es más fácil que sacar un crédito en un banco, basta con hacer un trámite y pagar, por supuesto, para que se te expida un documento que te valida como conductor, pero que de ninguna manera comprueba que él que la porte no sea un riesgo para los demás y para si mismo. Pero bueno, México es así, y poco podemos hacer.

Por ello no me queda más que extender una atenta invitación, desde este espacio, y muy sencilla: respeten al peatón y al ciclista, no se trata de una batalla, y si lo fuera sería bastante injusta, no se puede comparar un vehículo cubierto por metal con miles de kilogramos de peso contra una persona y su bicicleta, porque finalmente: no es una bicicleta la que rueda a su lado, es una vida, piénsenlo.

Anuncios