Casco obligatorio para ciclistas

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En México, y en muchas partes del mundo, se ha despertado una polémica por la obligatoriedad de portar un casco cuando se circula sobre una bicicleta en la ciudad o áreas urbanas. Amén de la pérdida del derecho de la libertad (implícita) al usar una bicicleta, se han movido otras fibras sensibles al respecto. Cada quién tiene sus propias opiniones, perfectamente válidas y muy respetables, yo aquí les platicaré la mía sobre este tema.

Usar un casco, de cualquier tipo y bajo ciertas circunstancias es algo obligatorio bajo la premisa de que pueden ayudarte a contener lesiones y en ciertos casos salvarte la vida. Hace más de un lustro mientras trabajaba en la industria de la construcción el usar un casco de plástico me salvó de ir a parar al hospital cuando una viga de metal cayó accidentalmente (¿o no?) sobre mí, quedé un poco golpeado, un tanto confundido pero mi cerebro estaba bien, o al menos como estaba antes del accidente. Lo mismo me ocurrió hace unos tres o cuatro años mientras descendía en una carretera en mi bicicleta de ruta a más de 60 km/h, tomé una curva muy rápido, el piso tenía tierra, derrapé y mi cabeza golpeó fuertemente el pavimento, pero pude reincorporarme en cosa de segundos y continuar mi camino. En ambos casos agradecí mucho haber estado portando un casco en ese justo momento.

Pero con respecto a usar casco obligatoriamente al circular sobre bicicleta en la ciudad tengo mis dudas, y aquí comparto unas ideas recabadas de varios sitios web en internet dónde se debate el tema:

¿Por qué el casco en ciclismo urbano debería ser una recomendación más no una obligación?

1. No es tan eficaz como medida de seguridad vial, comparado con: un tráfico más calmado (a través de vías ciclistas específicas, calles y zonas de restricción real de velocidad) y una mayor precaución por parte de los conductores de autos, respetando la distancia de seguridad (ambos como consecuencia de una mayor presencia de las bicicletas y de campañas de concienciación). En términos generales un casco promedio de unicel con recubrimiento de plástico ayuda en golpes certeros de baja intensidad pero poco podrán hacer si un auto que circula con exceso de velocidad te embiste; a veces ni a los profesionales del ciclismo les ayuda este elemento en caso de accidente grave.

2. Constituye una medida disuasoria del uso de la bicicleta como medio de transporte urbano. El uso de la bicicleta mejora la salud de quienes la usan, pero también del resto de habitantes de la ciudad porque disminuye las emisiones contaminantes, vuelve más fluido el tráfico y reduce el nivel de ruidos. Por tanto, debería incentivarse el uso de la bicicleta en entornos urbanos, en beneficio de todos. Queramos o no, usar un casco de manera obligatoria sera tan disuasivo como tener que pagar tenencia por la bicicleta, emplacarla o simplemente darse de alta ante las autoridades competentes, ideas muy estúpidas que ruedan en los espacios legislativos de varios estados del país. Además, en México, el nivel de corrupción existente en las autoridades reguladoras harían esta disposición poco menos que inservible, si vives en México sabes a lo que me refiero.

3. Dificulta la implantación de sistemas de transporte público individual, como la bicicleta pública. En la Ciudad de México existe un programa de renta de bicicletas llamado EcoBici, donde por $400 en números cerrados puedes usar una bicicleta pública en un radio y tiempo limitado, pero no ofertan el casco como un servicio más; en ciudades europeas como Valencia, Amsterdam y Berlín el sistema de EcoBici se replica haciendo responsable del uso del casco al usuario, siendo esto así, pocos querrían usar una bicicleta como su medio de transporte público individual.

4. El uso del casco ciclista es un debate superado en países europeos (Holanda, Dinamarca, Alemania, entre otros) que son ya un referente del uso la bicicleta y se ha optado por recomendarlo fuertemente sin obligar al usuario a portarlo. En Australia y Nueva Zelanda, países donde sí llegó a ser obligatorio, la implantación del casco hizo caer el uso de la bicicleta y no aportó mejoras significativas en la seguridad de los ciclistas. Hubo menos ciclistas urbanos y el porcentaje de accidentes graves o mortales no tuvo en decrecimiento significativo.

Y si no me cree revise aquí, aquí y aquí. Todo lo escrito en esta entrada se basa no en opiniones sino en hechos perfectamente comprobables.

Desafortunadamente las autoridades de tránsito y de gobierno se van por “la fácil”, tratan de curar un cáncer poniéndole un curita. Claro, obligar a un ciclista a matricularse, a usar casco y a pagar algún tipo de impuesto siempre será mejor que poner en cintura a los conductores del transporte público y en general a todo aquel que conduzca un auto, y usted y yo sabemos perfectamente lo estúpidas que pueden llegar a ser algunas personas detrás de un vehículo y lo poco que hacen las autoridades ante ello. También resulta más sencillo obligar a un ciclista a ponerse un casco en lugar de hacer que los agentes de tránsito hagan respetar las reglas, pero sobre todo, obligar al uso de un equipo de protección personal siempre será menos problema para el gobierno que educar a los conductores de cualquier tipo de automotor para que entiendan de una vez por todas que la calle no es de ellos, que la calle es de todos, incluyendo al peatón, y que hay reglas que cumplir, que pasarse la luz roja del semáforo porque se le hace tarde no es un acto de sagacidad sino de irresponsabilidad en su máxima expresión y signo inequívoco de que están más cerca de un neandertal (por no decir simio) que de un hombre moderno.

Leía yo en un blog un comentario que decía: “El conductor de coche irá con menos cuidado y más rápido si piensa que el ciclista está protegido. Eso se traduce en MÁS peligrosidad para el ciclista. Un conductor cuidadoso es un conductor más tranquilo, y eso va en beneficio de todos.” y ¿saben algo? redundan en verdad esas palabras. Si así y a pesar de que en lo más profundo de su cerebro (la mayoría, hay otros que son unos idiotas sin cerebro) los automovilistas saben que si nos golpean a los ciclistas nos pueden causar lesiones graves, imaginen lo que pensarán si estuviéramos obligados a llevar equipo de protección, mañana nos pedirán coderas, rodilleras y todos los aditamentos que usan los profesionales del Downhill … y el día después de mañana, cuando sigan habiendo accidentes mortales, porque ni le mejor casco de kevlar con fibra de carbón protege al 100%, nos va a pedir que mejor no circulemos en las calles “hechas” para automóviles o peor aún, nos dirán “ustedes tienen la culpa de lo que les pase”, así de triste.

Y por último, los números, sí, los malditos números, ya saben que me encantan las Matemáticas … ¿qué pasa en países dónde el ciclismo urbano es parte de la cotidianidad?: a pesar de que en algunos países, como Dinamarca, el uso de la bici roza el 40%, el casco nunca ha estado relacionado con la seguridad del ciclista. Defender esa idea se acerca la perversidad más pura. Al reclamar mayor protección al usuario de una bicicleta, se transmite la idea de que la inseguridad es culpa suya por no ir preparado. Ese tipo de observaciones olvidan que en la mayoría de accidentes mortales en bici hay un vehículo a motor implicado, y que este ha violado por lo menos una regla de tránsito para terminar en esa situación. Se traspasa la problemática al ciclista urbano sin citar, ni de casualidad, la velocidad y el volumen de los coches, además del estilo audaz, por no decir pendejo de sus conductores, usted disculpe mi lenguaje, pero el Real Diccionario de la Lengua Española no me alcanzó para encontrar un adjetivo calificativo para ciertos personajes tras el volante.

A medida que aumenta la velocidad a la que circula un vehículo, crece su potencial dañino, simple Física Clásica y un poco de Estadística Descriptiva nos lo dejan en claro. Según un estudio de la OCDE, por cada kilómetro/hora (km/h) que aumenta la velocidad un vehículo, la accidentalidad se incrementa en un 2%. Los organismos de tránsito a nivel mundial lo saben. En un informe de la Dirección General de Tránsito (DGT) de España sobre la estrategia de movilidad urbana lo constataban: “sabemos que a partir de 70 km/h un atropello es habitualmente una muerte segura, mientras que a 50 km/h el riesgo de muerte se reduce al 75%. A 30 km/h se pueden evitar tres de cada cuatro atropellos”. Si las autoridades tienen esta información, ¿por qué relacionan el casco con la seguridad y no por qué no hacen hincapié en calles tranquilas, conductores preparados o la creación y respeto de ciclovías?

En fin, un tema de debate intenso, terrenos fangosos diría mi ex-jefe; cada quién tendrá su mejor opinión, pero creo que los ciclistas urbanos estaremos de acuerdo en algo: hay más por hacer en relación a los vehículos automotores que con nosotros como ciclistas. Hace un par de semanas participaba en un paseo en bicicleta organizado por un colectivo de mi ciudad natal llamado Tehuacán en Dos Ruedas y su labor de información, concientización y promoción de la bicicleta así como su trabajo con las autoridades municipales hacen mil veces más de lo que simplemente un casco podría hacer. Pero, ¿saben algo? yo uso mi casco el 90% de las veces que ruedo por la calle, y les voy a dar un consejo a todo aquél que usa bicicleta: el casco debería ser obligatorio para todos los ciclistas, excepto por quién no lo quiera usar. Punto.

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