La última vez que fuimos felices

Dawn¿Poético no? Bueno, esa fue la primera idea cuando me topé con una fotografía del 31 de julio de 2012 mientras realizaba una limpieza de mi disco duro, misma que yo creía haber borrado ya cuando respaldé en diciembre del año pasado. Yo no suelo quedarme con nada del pasado, excepto el aprendizaje, porque de cosas buenas y cosas malas lo que único que queda es eso: la experiencia. Un ingeniero que considero mi mentor en aquellos años iniciales en la industria de la construcción me decía: “aún cuando pierdes, ganas la experiencia”. Y listo, aquí estamos, a casi un año y esa simple foto, bastante inédita (digamos así) es algo que me ha traído sentimientos encontrados. De esa etapa en mi vida que terminó probablemente ese mismo 31 de julio todo se extrapolaba: las cosas buenas fueron fantásticas, las cosas malas fueron terribles, y como debía de ser el final fue abrupto, intempestivo y cuando se suponía que mejor iban las cosas.

¿Qué yo tuve la culpa de cómo terminó todo? Puede ser, suelo ser un tipo difícil, pero no era yo la única variable de la ecuación, y creo que cada quién aportó su parte para que todo terminara, yo siempre diré que faltó reciprocidad. A favor de todo esto debo decir que ha habido intentos sucesivos desde el año pasado para que todo volviera a ser lo que era antes o por lo menos algo parecido, pero simplemente no se ha podido, y dudo mucho que se pueda; cuando hay de por medio dos personalidades tan parecidas y explosivas es difícil que algo así se pueda recuperar. Recientemente alguien relacionado a todo esto me decía sobre ello “no funciona porque tú no quieres que funcione” … ¿qué más puedo hacer yo?, todo lo que pude hacer lo hice y de todos modos terminamos en el lugar que tanto intentábamos evitar. A veces hay que entender que cuando las cosas terminan debe ser por algo, por algo positivo.

Generalmente en las fotografías dónde aparezco, excepciones obvias, me muestro serio, distante, pensativo, ¿enfadado? … tal y como soy yo en el mundo exterior, pero en esta foto me veía sonriente, lleno de vida y casi irreconocible bajo las circunstancias del momento. Creo que fue la mejor etapa de mi vida, hasta ahora, porque soy un fiel creyente de que lo mejor siempre está por venir. No vivo en el pasado, pero realmente añoro esa época de mi vida. Debo de reconocer, con total humildad y sin pretensión alguna que en esos años las cosas profesionalmente hablando simplemente ocurrían, bien decía Steve Jobs, como ingenieros nuestras mejores obras siempre ocurren antes de los 30 y a mí me pasó. El éxito es un demonio complejo, te hace sentir invencible, modifica las cosas a tu alrededor y te hace ciego de aquello que realmente importa. Yo era una persona completa, feliz en toda la expresión por como me iba en mi vida profesional y no me daba cuenta de lo que realmente ocurría en eso que llamamos corrientemente vida. Una vez que la caída llegó me di cuenta de muchas de esas cosas.

Y el final llegó, recuerdo los subsecuentes días a la fotografía y la felicidad se fue, los días complejos llegaron no sólo en el plano profesional sino también en el personal, pero así es esto, si llueves te mojas, y no vivo preocupado sobre ello. La foto la he eliminado completamente de mi disco duro (en el sentido literal y en el filosófico) al igual que el album donde estaba almacenada, no quiero preocuparme más de los errores cometidos en el pasado, la vida no está hecha para ello. No me arrepiento de nada de lo que pasó en esa época, pero creo que pude haber hecho mejor las cosas, mucho mejor en realidad. Pero no pasa nada, nuevas y mejores experiencias llegarán y seguramente también las podremos guardar en fotografía y en nuestros recuerdos, esas si las pienso conservar. Verborragia en su estado más puro.

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