La vida que merecemos: U2 Popmart Mexico City

U2_PopMart_Tour1997

No soy mucho de relatar historias en mi blog, no creo que sea un lugar para ello, pero desde hace años tengo el deseo de realizar una narrativa sobre una noche que recuerdo mucho, porque probablemente sea una de las más representativas de una época en mi vida, por lo menos en mi vida de adolescente. A poco más de 15 años de distancia es posible que haya ya olvidado algunos aspectos pero otros permanecen tan vivos en mi memoria que parecen haber ocurrido apenas ayer.

A finales del mes de noviembre de 1997 estaba yo a punto de terminar mi primer curso de educación media superior y lo hacía de la mejor manera posible: buenas calificaciones y sin tener grandes dificultades. Para esa última semana de noviembre todo lo que me preocupaba pasaba por tomar mi bicicleta e ir a dar una vuelta al cerro, la escuela prácticamente quedaría olvidada por los siguientes dos meses. Justo en esos días, un viernes, mi gran amigo de esa época, Bernardo me platicaría que su tío había conseguido 3 boletos para el concierto que U2 daría a los pocos días en la Ciudad de México. Debo de confesar que en 1997 era yo más del tipo que escuchaba a Pantera, Metallica, Megadeth y cosas por el estilo, sin embargo U2 era (¿es?) una de mis bandas favoritas desde que muy a principios de la década de los noventas escuché “The Joshua Tree” y simplemente pensar en la posibilidad de ir a verlos al Foro Sol me hacía que me brillaran los ojos.

Desafortunadamente yo no tenía los recursos para costear ni los boletos ni la transportación, así que no era algo que yo previera como una posibilidad, así que lo dejé pasar y continué con mi vida normal. Todo cambiaría el martes 2 de diciembre de 1997, mi suerte, que en realidad por esas épocas era mi mala suerte, cambiaría radicalmente. Eran aproximadamente las 8 pm, cuando regresaba a casa de mis padres y mi amigo me esperaba con una sola pregunta: “¿quieres ir mañana a ver a U2?” y la respuesta fue obvia “¡claro que quiero ir a ver a U2! ¿a quién le tengo que vender mi alma?”. En realidad no tuve que vender nada. El tío de Bernardo se había peleado con su novia, benditas circunstancias de la vida, y un boleto quedaba libre, dada nuestra cercana amistad el buen Bernie le había propuesto a su tío que me llevaran “al fin y al cabo yo podría manejar de ida y de vuelta” y así se concretó la invitación.

Eufórico entré a mi casa, sabiendo que no le podría decir a mi madre, porque dadas las circunstancias, la premura de la invitación, lo peligroso del evento y sobre todo mi corta edad, no habría permiso para ir a la Ciudad de México. Entonces tuve que mentir, de lo cual me siento muy avergonzado, pero no me quedaba de otra. Con la excusa de “tengo que ir a un concurso de Matemáticas a la ciudad de Puebla” pude obtener el permiso de no dormir en casa el miércoles 3 de diciembre con la condición de estar de vuelta el jueves tras clases. Y así fue, ese miércoles muy temprano tomé mi mochila que usaba a diario y una extra dónde llevaría mi segunda muda de ropa y unos zapatos cómodos; salí de casa a las 6:30 y en lugar de tomar el auto bajé a esperar el camión escolar. Me despedí de mi madre y le prometí que me cuidaría y que estaría de regreso al día siguiente a las 2 pm.

Un compañero de escuela, que vivía cruzando la calle me preguntó por qué no tomaba el auto para ir a la escuela, y aún sabiendo que el muy miserable le podría decir la verdad a mi madre, no me pude contener y exclamé: “¡porque saliendo de la escuela me voy al DF a ver a U2!” … no me creyó o le interesó una mierda, porque sólo asintió con la cabeza. Durante las siguientes horas en la escuela sólo podía pensar en lo maravilloso que sería estar en un concierto con miles de personas observando a una de las mejores bandas del mundo, y probablemente de la historia. Justo antes de salir de mi última clase, me cambié de ropa y emprendí mi épico viaje, afuera ya esperaba por mi un Chevrolet Malibu color café que conduciría las próximas tres horas hasta el Autódromo Hermanos Rodríguez.

No recuerdo exactamente la hora de llegada al recinto, pero si salía de la escuela entre 1 y 1:30 pm estaríamos llegando a eso de las 4 o 5 pm, porque uno de mis grandes defectos al volante siempre ha sido que tengo el pie derecho muy pesado. Estacionamos el auto y fuimos a buscar de comer, esos minutos u horas no están perfectamente claras en mi mente, pero si recuerdo haber tenido mucha hambre y estar comiendo todo lo que podía con los pocos ahorros que había llevado. Desafortunadamente el escaso presupuesto me impidió comprar algo de toda la parafernalia que rodeaba el lugar: playeras, banderas, gorras, discos, lentes, muñecos, todo en homenaje a U2; pero ni modo, era el precio a pagar con tal de vivir la aventura, prefería comer bien para tener energía y disfrutar el concierto.

El momento llegó, ingresábamos al Foro Sol, un área específica del Autódromo Hermanos Rodríguez que pasaba de ser una zona de curvas serpenteantes a un campo de béisbol y a una arena a cielo abierto para grandes eventos como este. Tampoco me queda muy claro a qué hora ingresamos al recinto, sólo recuerdo que la luz del Sol comenzaba a bajar y que por mi mente pasaba el hecho de estar pisando un lugar histórico para las carreras de Fórmula 1. Finalmente quedamos muy cerca de la parte izquierda del escenario, la pantalla típica del tour quedaba metros de distancia y el tío de Bern sólo pudo exclamar “¡vaya lugares de poca madre!”, casi de manera inmediata el vacío e inmenso lugar se comenzó a llenar, recuerdo haber pasado minutos platicando con una señorita de unos 20 o 21 años que me comentaba que tras el concierto cortaría con su novio, porque hacía meses que ya no lo soportaba, pero U2 pudo más y se aguantaría unas horas más dado que él le había comprado los boletos, jajaja, menuda situación. También recuerdo platicar con un adulto, de entre 45 y 46 años, más bien del tipo de gente que escucharía a The Clash o David Bowie, pero que resaltaba la importancia de U2 no sólo en la música.

Tras un tiempo que no logro determinar con claridad, debieron haber pasado horas, la oscuridad ya era parte, y hacia dónde voltearas, si podías hacerlo, todo lo que podías mirar era gente, gente y más gente. Al cabo de unos minutos más comenzaron los primeros acordes musicales. La banda telonera salía al escenario y se trataba de … ¡¿Control Machete?! … “una puta mierda” fue lo que me vino a la mente. ¿En serio? Control Machete para poner ambiente, estos psedo hip hoperos regiomontanos con un aire muy plebe de Cypress Hill me causaron un tanto de depresión, pero a la mayoría de la gente que estaba a mi lado los ayudo a calentar motores. Al cabo de unos minutos y un par de canciones, yo ya entonaba al unísono “andamos armados con el micrófono y el ritmo, a ver quién se atreve a parar este pinche ritmo” y “¿me comprendes Méndez? yo soy el control?” jajaja. Al final de su numerito no quedé tan insatisfecho, y ciertamente tengo ese disco actualmente porque me causa mucha gracia recordar ese momento en particular. Si pensamos que para la primera parte del Popmart Tour en E.U.A. los que le abrían a U2 eran los de Rage Against The Machine, bueno, pues todo está dicho, ¡vamos! no quería a Oasis de teloneros (como en el concierto de Oakland) pero ya de jodido nos hubieran prestado a Third Eye Blind o Smash Mouth como en las fechas previas de Norteamérica.

En fin … pasaron algunos minutos más y entonces recuerdo que empezó el show de luces, que bien  pudieron haber causado epilepsia a varios, luego todo se apagó y comenzó a sonar “Bittersweet simphony” de The Verve, una parte no toda la rola, y finalmente ¡bang! una parte del tema de Misión Imposible que daría paso a “Mofo” en una versión remix electrónica, al mismo tiempo en la pantalla se proyectaban imágenes icónicas de la cultura pop mundial con un dejo de sarcasmo y burla, para posteriormente dar lugar a la imagen en vivo de los miembros de U2 caminando como si se tratara de una función de box, Bono en su clásica playera de musculoso y Larry Mullen con su máscara antigas. Nuevamente épico.

No recuerdo con extremo detalle canción tras canción del concierto, pero si tengo en un papel de una libreta de Física de la época lo que según yo fue el playlist de la noche: Mofo, I Will Follow, Gone, Even Better Than The Real Thing, Last Night On Earth, Until The End Of The World, New Year’s Day, Pride (In The Name Of Love), I Still Haven’t Found What I’m Looking For, All I Want Is You, Desire, Staring At The Sun, Sunday Bloody Sunday, Bullet The Blue Sky, Please, Where The Streets Have No Name, Discothèque, If You Wear That Velvet Dress, With Or Without You, Hold Me, Thrill Me, Kiss Me, Kill Me, Mysterious Ways, One y por último Wake Up Dead Man. Igual y me falta alguna, igual y me sobran varias, pero según ese manuscrito de la época esas fueron todas las canciones que interpretaron.

Lo que si recuerdo con exactitud fueron algunas de esas canciones, por ejemplo con “I will follow” salté y grité hasta el colapso; con “I Still Haven’t” añoraba ese amor que todavía no conocía; la de “Starting at the sun” la canté, bueno grité, hasta que mi vecina me dijo “tranquilo dude”. “Discothèque” me pareció demasiado su desmadrito popero, pero todavía era digerible y finalmente “One” creo que fue la que más me pegó.

La interacción de Bono con el público en todo momento fue épica, y no sé cuanto hayan costado los boletos, sin embargo si sé que cada uno de ellos valió la pena. Tras una hora de concierto recordé a mi amigo y a su familiar y lo que observé al buscarlos fue que disfrutaban tanto como yo del evento. La gente a mi alrededor estaba muy feliz también y sólo el fuerte olor a marihuana que impregnaba el lugar me molestaba un poco. Al final recuerdo que U2 se despidió, todos gritamos y mi nuevo amigo cuarentón me dijo “¡que poca madre, no tocaron la de -güitorgüidadyu- (With or Without you)!” a lo que respondí inmediatamente “¿como chingaos no? fue cuando todos sacaron sus encendedores” jajaja, simplemente inolvidable.

No sé  con exactitud cuanto tiempo nos llevó salir fuera del Foro, al estar tan adelante y al haber tanta gente pasaron minutos hasta que pudimos salir hacia el estacionamiento. Había tanta gente a nuestro alrededor que el tío ya muy pasado de cervezas nos dijo “ni se les ocurra separarse de mi porque los dejo, si se pierden aquí nunca los encuentro”, ¡huevos que!, al final de cuentas yo tenía las llaves de un auto con el tanque lleno, y pese a que no tenía un centavo en mi bolsa si sabía como salir hacia la carretera.

Llegamos al auto, no puedo afirmar con exactitud la hora, probablemente habrán sido las 2 o 3 de la mañana. Gracias al tío bonachón nuestro siguiente destino fue una taquería cerca de avenida Zaragoza y tras degustar media docena de tacos al pastor y una Coca Cola bien fría emprendimos el complejo retorno a casa. ¡Ah claro! … me tocaba manejar a mí de nuevo, sólo una orden de mis pasajeros: no pongas en el estéreo a U2 jajaja, bueno entonces Pantera con su “Vulgar Display of Power” sería. Así que con unos ojos que se me cerraban, y esa mala costumbre de adolescencia de quedarme dormido al volante tomé rumbo al sur por la Autopista México – Puebla. Tras cruzar una zona de intensa niebla conocida como Río Frío y percatarme que mis acompañantes yacían plácidamente dormidos en sus asientos bajé estrepitosamente la velocidad a unos risibles 50 – 60 km/h de promedio. Cualquier cosa que fuera segura. Tras cruzar la ciudad de Puebla, siendo las 4 o 5 de la madrugada no tuve de otra que detenerme, estirar las piernas y comprar más Coca Cola. Para el amanecer ya estamos en casa, con una gran aventura a cuestas.

Mi amigo Bern, propietario del auto me dijo “¿vas a tu casa? llévatelo” … ¿a casa?, iba yo a la escuela, así que tomé nuevamente el auto, y tomé camino todavía más al sur. Aparqué afuera de la escuela y dormí algunos minutos, entré y me cambié de ropa para tomar clases las próximas 7 horas. Llegue por fin a casa a las 2:00 pm y habiendo estado despierto casi por las 32 horas previas. Gracias a Dios todo salió bien, y hoy puedo narrar este gran momento de mi vida, el primero de muchos similares. No sé si haya sido el mejor concierto al que fui, por lo menos fue el más divertido.

Más o menos así se vivió todo el asunto (al principio):

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