El mundo al revés

Eigo Sato (JPN) - ActionHe pasado el suficiente tiempo en este planeta como para no dejarme sorprender demasiado por las cosas que ocurren a mi alrededor más sin embargo hoy me he quedado estupefacto. Sucede que trato de ser una persona “no materialista”, o bueno al menos no gasto lo que no tengo, así que por más de una década de vida adulta jamás he solicitado un crédito, no es que me sobre el dinero y todo lo pague al contado, más bien, como lo mencioné anteriormente, soy mesurado en mis compras y vivo bajo el lema: “sino me alcanza para comprarlo es porque no lo necesito ahora mismo”.

Pero algún día tenía que solicitar un crédito, y ese día llegó la semana pasada, no vaya a usted a creer, estimado lector que fui a pedir dinero para invadir Afganistán ni mucho menos Irak, de hecho tan sólo solicité una miserable tarjeta departamental. Entregué todos mis documentos personales: identificación oficial, comprobante domiciliario, declaración anual de impuestos (dónde dice exactamente cuanto gano) e incluso mi alta ante el organismo federal competente a recaudación fiscal. Uno podría pensar “suficiente ¿o no?”, pues no, además de lo anterior debo colocar los datos específicos de mi empleador y dos referencias, una familiar y la otra personal, esto me lleva a pensar los siguientes puntos:

  1. ¿No les basta mi documentación personal?
  2. ¿Me creen un vil mentiroso?
  3. ¿Creen que como adulto no voy a ser responsable de mis actos?
  4. ¿Creen que mi amigo y mi familiar van a meter las manos por mí en caso de problemas?

Bueno, está bien, allá afuera hay cada hijo-de-puta que seguramente estas tiendas departamentales no pueden confiar en cualquiera, pero chingada-madre ¡les proporcioné mi declaración de impuestos! Y aquí comenzó mi periplo, que también desgloso en puntos:

  1. El día que tramité el crédito, la encargada hizo el favor de indicarme que mi declaración no podía ser comprobada ¿en serio? ojalá esos cabrones de Hacienda tampoco pudieran comprobarla y así no pagar la chingadera anual que debo solventar. Yo, en mi modo muy de ingeniero de ver las cosas entendí: “usted es un cabrón mentiroso, tome su declaración y métasela por el recto”.
  2. Fui por mi alta en Hacienda, para qué vieran que sí era verdad esa declaración, no quedaron muy convencidos, pero finalmente, si yo fuera un deudor incumplido ¿no estaría en la base de datos conocida como el Buró de Crédito?, en fin, incoherencia en su máxima expresión.
  3. Tras media hora o 45 minutos se me indicó que mi crédito estaba “pre-aprobado”, lo que sea que esa mierda signifique, que comprobarían algunos otros datos y listo, y que me darían un crédito equivalente a … mire estimado lector, mejor ni le digo porque se va a cagar de la risa por la cifra que me asignaron, pero bueno, me alcanzaba para lo que necesitaba. Eso fue el domingo pasado a las 21:00.
  4. Pasó el lunes, martes, miércoles, ¡jueves! y nada. Viernes por la mañana, yo apurado intentado armar un circuito de control para un prueba, recibo una llamada de esta tienda departamental: – “señor Quiroga, en su trabajo no lo reconocen, en su casa nadie proporciona datos de usted y su amigo no contesta” ¡maldita sea!, a lo que yo con la mente en otro lado (los invito a contestarle a una señora de crédito mientras tratan de configurar un temporizador biestable) contesté: – “verificaré eso más tarde”.

Y listo, no me quejo, esto suele ocurrir. Mi empleador es así y no lo puedo obligar; en mi casa ya recibí la explicación de lo que pasó y lo entiendo, ¿pero pienso? tantos días para hacer su trabajo y lo hacen justo un día antes de que iba a necesitar el crédito, si esto hubiera ocurrido el lunes, ¡vamos! el miércoles pues, con toda la calma del mundo voy a mi trabajo y les pido que den referencias mías, le vuelvo a pedir a mi familia que estén atentos al teléfono, pero a menos de 24 horas de utilizarlo ¿qué sentido tiene siquiera intentarlo?

Mi mayor molestia pasa por el hecho de su discrecionalidad, porqué sé de buena fuente, (un amigo cercano) qué a él no le pidieron tanta basura y él sí es un deudor de esos bien conocidos y que si el mundo fuera justo ya debería haber pisado la cárcel varias veces. Por otro lado conozco decenas de personas allá afuera que ganan una décima parte de lo que yo gano al mes y les dan hasta cinco veces el crédito que me ofrecían y sin tantos problemas, lo dicho, este mundo de porquería está al revés.

Y usted asiduo lector de este blog se preguntará ¿qué decidí hacer?, yo creo que lo que debe ser será, así que si esto no se dio es porque no lo necesito. Analizando el asunto, iba a terminar pagando un producto a sobreprecio (casi un 30%, cuando un banco cobra el 21% anual de interés), me iban a encajar un seguro de mierda y finalmente iba a comprar algo que quizá no necesito. Lo que haré será pagar con la misma moneda: el desinterés total hacia la tienda y por supuesto la desconfianza, vamos, si a ellos yo no les interesé por cinco días y desconfían tanto de mí, ¿por qué yo debería ser diferente? Intentaré no volver a poner un pie en dicha tienda.

Si me siguen pasando estas cosas un día voy a comenzar a actuar como Michael Douglas en la película noventera “Un día de furia / Falling Down”:

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