Los jóvenes de hoy

Los jóvenes de hoy

No sé si yo esté mal o si me haya perdido en el camino, pero hay algo que no entiendo de las nuevas generaciones; desde mi óptica muy particular los jóvenes de hoy (la gran mayoría, no todos) tienen unas actitudes deplorables y por ende serán unos adultos de mierda mañana. Hoy por la tarde entro a una sala asignada específicamente para personal docente en una institución dónde colaboro, y me encuentro a unos 5 o 6 jóvenes trabajando sobre un proyecto con total comodidad en dicha área y hablando en un lenguaje que prácticamente los haría pasar por indigentes o trabajadores de la construcción. Molesto por el muladar en el que estaba convertido el lugar asignado para gente distinta a ellos los cuestiono “¿por qué están aquí? ¿quién les autorizó usar esta área?”, la respuesta no pudo ser más sorprendente.

Uno de ellos con un tono altanero respondió “nadie nos dio permiso, nosotros entramos aquí porque necesitamos las mesas y los toma-corrientes”, otro replicó “¿a poco hay que pedir permiso para usar esta área?”, gracias a Dios ninguno de ellos era mi hijo porque de haberlo sido les hubiera roto la boca de un sólo golpe y los hubiera expuesto a trabajos forzados por el resto de su vida. Simplemente me quedé asombrado por la falta de educación que unas personas de 17 – 19 años tienen, no sólo hacia sus mayores, sino en general hacia las reglas generales y por ende hacia ellos mismos. ¡Por supuesto que no pueden estar aquí grandísimos hijos de puta! y claro que se debe pedir permiso para entrar a un lugar dónde no nos corresponde estar, al menos eso me enseñaron en mi casa.

Cuando yo tenía entre 3 a 5 años mi papá, mi mamá, mis tías y mis abuelitos siempre me recalcaban situaciones como “las cosas pídelas por favor, a todo lugar al que llegues pide permiso para entrar, agradece las cosas, saluda y despídete, sé amable con los demás, no te burles, etc., etc., etc.”, reglas básicas de civilidad y obviamente se complementaban con los ejemplos de buenas costumbres. En los años posteriores, hasta que fui adulto, mi familia siguió estando ahí guiándome y haciéndome una persona de bien. Y nada tiene que ver el medio que nos rodea. Dios sabe que desde los 6 años yo he estado expuesto a ambientes muy hostiles con gente que lo que menos tiene es educación y buenas costumbres, además desde los 12 años hasta los 22 conviví con personas que no estaban en una cárcel porque México es una mierda en sus leyes, pero de ninguna manera yo me volví así. Así que no me vengan con esa basura de que es el medio dónde se desenvuelven. ¿Algo cambió de una generación a otra?

Estas personas que les comento están a días de ir al mercado laboral, usted estimado lector ¿puede imaginar qué les va a pasar cuando entren a la oficina del jefe correspondiente a sentarse un rato sin pedir permiso?, en efecto, la calle será el inmediato lugar que los espere y todo por no respetar unas simples reglas básicas. Y lo peor de todo es que mucha gente transporta estas malas actitudes a su interacción con la sociedad y las potencia: gente que causa accidentes de tránsito por no respetar reglas, personas que no pagan sus deudas o hasta cometen hurtos, violencia intrafamiliar y en casos particulares actos delictivos.

Hoy me voy a casa con una idea muy clara: estos jóvenes maleducados son producto de sus padres despreocupados por su bienestar. No soy padre aún, pero creo que el mayor orgullo que uno puede tener es darse cuenta que a sus hijos les brindó las herramientas para ser personas de bien en esta vida. Obviamente esta media docena de padres hicieron muy mal su trabajo. A lo que me lleva a corroborar mi teoría de que se debe ser padre (o madre según corresponda) cuando realmente se esté preparado y no cuando “Dios mande”. Ser padre es una responsabilidad enorme, la más grande que cualquier ser humano podemos tener, aún más que las que se nos presentan en el plano profesional, porque finalmente sino hacemos nuestro trabajo, nuestros hijos pagarán nuestros errores.

Ahora bien, no malentieda mis lineas anteriores sobre “golpear a los hijos”, lo dije como una medida extrema. Educar a un hijo no pasa por reprenderlo cuando se ha equivocado. En mi casa nunca hubo violencia hacia mí y yo me eduqué bien. Sin embargo si estoy a favor de medidas extremas en casos extremos, a veces los hijos se salen de curso y si una buena cachetada coadyuvará a regresarlos al camino, entonces estimado lector: rómpales la madre. Aunque recuerde, siempre será mejor prevenir que reparar.

Precisamente en este mismo tenor de ideas, hace unas semanas un alumno al que ayudaba con un proyecto de ingeniería aplicada me cuestionaba “¿qué le haría a su hija si llegara a su casa ebria y fuera reconocida como una mujer de la vida alegre entre sus amigos?”, y esta persona, conociendo el gen de alta violencia que en mí predomina pensó seguramente que mi respuesta iría en ese sentido, sin embargo analizando brevemente la situación le respondí “a ella no le haría nada, porque si ya llegó a ese nivel de actos es porque su madre y yo no la atendimos a tiempo y esto no es más que la consecuencia de ello”.

En fin, mucho divagar, verborragia en su estado más puro. Pero bueno, a modo de conclusión creo que los jóvenes que mal actúan hoy en día son producto de sus padres, y sino cambian mañana serán unos adultos de vergüenza, e imagine entonces cómo serán sus futuros hijos. Muchos de los males que aquejan a nuestra sociedad tienen su origen en casa, así que si usted que lee este blog es padre de familia, échele un ojo a sus hijos; ahora que si tú eres hijo de familia aún, pregúntate: ¿estoy siendo la persona de la que mis padres se sentirían orgullosos?, un simple acto de reflexión.

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