¡Puto!

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Antes que cualquier cosa debo mencionar que el fútbol no me interesa ni un carajo, sin embargo en estos últimos días he estado al pendiente de los juegos porque  mi mujer tiene un interés inusitado con respecto a este evento deportivo. Y en este mismo orden de ideas me entero de la polémica generada por el grito que los aficionados de México realizan cuando el portero contrario va a despejar un balón, sí ese grito de ¡puto!

La primera vez que lo escuché fue probablemente en el primer tiempo del partido México – Brasil y la verdad me parececió una situación muy jocosa nada de que espantarse; incluso supuse que los brasileños no entenderían el grito puesto que según yo y lo poco que sé de portugués, esa palabra (puto) en este idioma es distinta al español, sin embargo me dio más risa aún cuando escuché al público de Brasil repitiendo la misma mala palabra cuando el portero mexicano iba a despejar, no cabe duda, las malas palabras son lo primero que se aprende de otro idioma.

Ahora entiendo que el organismo gobernante del fútbol mundial está buscando sancionar a la federación mexicana por este hecho. En el marco del combate la discriminación me parece una idea magnífica, veo en un noticiero el nivel tan irracional que existe en otros países con respecto al tema. Recién me entero qué por ejemplo en la liga española de fútbol cuando un jugador de color está a punto de tocar un balón, un grupo de idiotas, porque no se les puede llamar aficionados, generalmente comienzan a hacer un sonido similar al que realiza un simio y peor aún, en algunos casos han lanzado plátanos a estos jugadores, vaya pues, nivel digno de unos seres humanos con un serio retraso mental o más  propio de unos auténticos neardentales.

El problema viene en el contexto, porque si bien esta palabra, que causa tanto debate, es ciertamente discriminatoria en la lengua española, aquí en México tiene diversas connotaciones, no vayamos más lejos hoy por la mañana cuando me encontré a un gran amigo de la infancia que tenía muchos años sin ver, mi reacción natural fue decirle “¡¿qué onda puto?! ¿cómo has estado?”.

Y miren que ni él ni yo somos homosexuales, y por supuesto no lo dije con afán de ofender. Del mismo modo me vienen a la mente aquellos años cuando trabajaba yo en la industria de la construcción y el grito “¡no sea usted puto!” retumbaba cada 5 minutos ante la negativa que alguien  oponía a realizar un trabajo de riesgo.
Pero incluso recuerdo la misma mañana de hoy cuando estando en la tienda local de bicicletas pude observar una fantástica Specialized Venge y la única expresión qué pudo salir de mi boca fue “¡ay puto!”.

En fin, basta de tantas puterias, simplemente diré como buen mexicano que realmente soy (no sólo cuando juega la selección) que la palabra puto, de acuerdo a cómo se pronuncia y a la circunstancia donde se emplee, tiene un significado completamente distinto, aunque con esto de ninguna manera estoy dándole la razón a las personas que estando en un estadio emiten esta particular palabra, creo que en el marco del respeto universal, los aficionados que actualmente asisten a este evento global deberían tener un poco más de educación y guardarse sus palabras para mejores ocasiones, porque finalmente, como yo siempre lo he dicho: no hay malas palabras, en realidad sólo malas circunstancias donde pronunciarlas. Y si usted, estimado lector, no está de acuerdo conmigo, no sea puto y larguese de aquí.

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