Windows 8.1: pasado, presente y futuro

Desktop

Nunca he sido un usuario formal de Windows, en ninguna de sus versiones, la única versión que tuve instalada como sistema operativo de trabajo fue Windows 98 allá por … 1999 (¡que rápido se pasa el tiempo!) en una desktop Compaq con K6 que mi padre me regaló cuando cursaba el bachillerato. En el año 2000 instalé Debian y así seguí hasta 2008 cuando migré a Ubuntu como S.O. de cabecera. En 2011 dejé de ser un usuario de Linux para pasar a Mac OS X. Conocí Windows XP, Vista y 7 porque no me quedaba de otra, en mis computadoras de 2001 a 2010 siempre tuve dual-boot con Linux y Windows, aunque este último sólo lo usase cuando fuera estrictamente necesario.

No conocía Windows 8 en ninguna de sus versiones, hasta la semana pasada. En 2011 cuando comencé a usar Mac OS X no me pareció buena idea tener arranque doble, y preferí pasar estos últimos 3 años trabajando solamente con el sistema operativo de la manzana. Alguna vez arranqué una máquina virtual para trabajar con Win 7, pero definitivamente de la versión 8 o la 8.1 no sabía nada al respecto. Hace un año alguien me dio una laptop con Windows 8 para que le instalara programas y con dificultades lo hice sólo para devolverla a las pocas horas. Por compañeros de trabajo pude observar la interfaz gráfica y escuchar los clásicos comentarios de “¡El botón de Inicio desapareció!” o “no encuentro el menú inicio”.

Hace un año aproximadamente me interesé de la Surface RT de Microsoft, se me hacía una gran idea: una Tablet de buena calidad pero con un teclado que la vuelve notebook. Lo que no me agradó del todo fue que usara una versión distinta de sistema operativo, el Windows 8 RT basado en arquitectura ARM. No indagué  mucho al respecto pero entendí que era una versión “capada” que pese a tener ambiente de escritorio no era totalmente compatible con los programas de “toda la vida para Windows”. Había una versión Pro con Win 8 completo pero a un precio bastante más elevado.

El pasado mes de junio intenté hacerme de una Surface 2, pero no había disponibilidad suficiente y el precio aún me hacía pensar en que sería mejor opción comprar una laptop normal. Necesitaba un equipo secundario, de bajo costo y de prestaciones limitadas, al final del día iba a ser una warmachine que me acompañaría a todas partes en mi backpack. Dada la ligereza y el tamaño compacto la Surface me parecía genial. A los pocos días vi una Surface RT (la original) a un excelente precio y ya con el teclado incluido, me decidí ir por ella. Desafortunadamente mi crédito no procedió y me quedé con las ganas. Seguiría buscando algo similar, definitivamente necesitaba un equipo con Windows por muchas razones profesionales.

Desde la semana pasada uso una ultrabook de Acer con Windows 8.1, y pese a ser un detractor declarado del sistema de Bill Gates he tenido una experiencia … satisfactoria, buena en palabras claras, sabiendo que la experiencia en Mac OS X es sobresaliente y en Linux resulta extraordinaria la mayor parte del tiempo. De estos diez días trabajando con Windows 8.1 me quedo con algunas ideas claras:

  • Es un sistema mucho más estable que las versiones anteriores, pero todavía tiene fallos graves.
  • ¡Sigue teniendo Paint! Y es igualito al de hace 10 años, nostalgia en su estado más puro.
  • Con un procesador ULV de Intel con 2.16 GHz (dual core), 2.48 con TurboBoost, y 2 GB de RAM; el sistema se mueve con soltura pero a veces le cuesta.
  • Me gustaría instalarle un SSD de 128 GB para ver qué tanto mejora el arranque y el comportamiento general.
  • Haber regresado el botón de inicio fue un gran acierto. Me siento como en los noventas dándole clic a “la ventanita”.
  • Definitivamente al trabajar uno sabe que está en Windows pero no lo relaciona directamente con la experiencia previa de XP o 7, señal de una buena evolución.
  • Microsoft hizo un híbrido bastante extraño entre desktop y tablets, en este equipo no me resulta tan complicada esta situación por una sencilla razón: tengo un touchpad medianamente bueno (multi-táctil) pero de gran tamaño (casi como el de una MacBook Pro) pese a ser un equipo de apenas 11.6 pulgadas, con lo que se pueden hacer muchos de los gestos que ser harían con una interfaz touch.
  • El concepto de las apps lo entiendo, me agrada hasta cierto punto, pero prefiero instalar aplicaciones a la vieja usanza con el clásico punto EXE. En Mac OS X sí me da lo mismo instalar un programa a través de un DMG o bajarlo de la AppStore. Algo falló aquí con Microsoft.
  • Las apps a pantalla completa (o en modo touch) son una tomada de pelo para equipos sin pantalla táctil, creo que Microsoft debió haber separado versiones: una específica para desktop / notebooks y otra para tablets / hibridas.
  • Si Windows 8.1 se usa en una tablet (o una híbrida) se me hace una gran idea: haces lo mismo que con un iPad pero tienes una interfaz completa de escritorio cosa que siempre se agradece.
  • El nuevo menú inicio es un gran acierto, pese a estar más orientado a una plataforma móvil, creo que es un lavado de cara que el sistema definitivamente necesitaba. Me gusta la evolución de la GUI que se conocía como Metro.
  • Afortunadamente Microsoft no le intentó copiar ni a Apple ni a Google (Android), mantuvieron la esencia de su sistema operativo pero lo adaptaron, con errores y aciertos, a las nuevas tendencias del mercado.
  • Windows 8.1: ¿en serio tengo que vincular mi equipo con mi cuenta de Hotmail / Outlook / Live para poder activar todas las funciones?, una mierda; aquí sí Microsoft se fue por la fácil e intentó hacer lo que Android hace con sus equipos, un verdadero desacierto. Hubiera quedado mejor un sistema como el de Apple con iCloud.

Desde mi punto de vista, creo que Microsoft ha hecho un buen trabajo con Windows 8.1 (aquí llueven las críticas a mi persona del mismo nivel de las que recibe Miguel de Icaza cuando venera .NET). Sigue siendo un sistema operativo mediocre, inestable, inseguro y poco desarrollable (aquí todos recuerdan que odio a Microsoft), pero extremadamente útil. Tiene cosas que lo relaciona directamente con su pasado, pero da un salto de calidad efectivo. Windows 8.1 será recordado por la historia como el primer sistema operativo que entendió la tendencia futura del mercado: dispositivos ultraportátiles que pueden transformarse en equipos de escritorio con tan solo agregarle accesorios, porque créanme, ese es el futuro de la PC.

Finalmente, ¿qué tan efectivo me ha resultado Windows 8.1? sólo diré algo: llevo 10 días usándolo a full-gas, y no he sentido ganas (al menos no incontenibles) de quitárselo al equipo y ponerle Linux o Mac OS X, ese es un buen signo. Ya les platicaré que pasa en los próximos meses, por ejemplo cuando se venzan los 30 días gratis de Office y de McAffee.

¡Ah, se me olvidaba! le instalé Winamp para sentir esa nostalgia noventera tan insana y claro: para escuchar el intro del DJ Llama. Por supuesto, la primera canción que reproduje fue Semi Charmed Life de Third Eye Blind, como si fuera octubre de 1999.

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