Líderes y Gregarios

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En el mundillo de las carreras de bicicletas de ruta hay una estructura, algo compleja, con relación a cómo se organiza un equipo y la función que cada uno cumple. En general los equipos del World Tour (o Pro Tour o Liga Premier o Primera División, llámele como quiera) tienen una nómina de casi 30 corredores. Pero para simplificar esto pensemos en una Gran Vuelta (sólo hay tres al año: Tour de France, Giro d’ Italia y Vuelta a España, en orden de importancia). A estas carreras llevan estrictamente nueve corredores. Dependiendo del recorrido de la misma, que cada año cambia, deciden cuántos sprinters, clasicómanos, contra-relojistas y allrounders llevar.

La estructura se vuelve aún más simple para los equipos que aspiran a ganar la carrera: llevan un líder y ocho ciclistas que lo apoyarán a llegar al último día vestido con el jersey del ganador. A los ocho se les conoce comúnmente como gregarios, gente que como su nombre lo indica, están ahí para ayudar a su líder. La labor de estos personajes es simple, por decirle de algún modo. Su trabajo se centra en estar todo el tiempo cerca del líder, protegerlo del viento, cuidarlo de las caídas, llevarle bebida y alimento desde el auto de apoyo, velar por sus intereses.

Sin embargo también realizan labores tan complejas como loables. Cuando hay ciclistas fugados, la tarea de los gregarios es ir al frente del pelotón perseguidor y realizar el desgaste necesario para acortar distancias y que su jefe de filas no pierda tiempo, pero tampoco energía. Cuando algún rival ataca a su líder, es decir, trata de dejarlo atrás, algún gregario intentará seguirlo para hacerlo que regrese al grupo y evitar daño en el cronómetro para el jefe. Cuando la alta montaña llega, su trabajo es estar junto al líder el mayor tiempo posible, ayudarlo a subir y cumplir todas las funciones anteriormente citadas.

En caso de accidente o falla mecánica deberán “sacrificarse” por su jefe, llevarlo de regreso a la punta o bien darle sus ruedas o la bicicleta completa en caso de ser necesario. Y finalmente todo esto sin recibir el mayor reconocimiento, porque pocas son las veces cuando un gregario es recompensado en carrera con alguna victoria. Esa es su labor, y ellos la aceptan sin dudarlo. Hay gregarios “comunes” y de lujo: Froome para Wiggins en el Tour de 2012, Nicolas Roche y Roman Kreuziger para Contador en el del 2013, Richie Porte para el mismo Froome en el Tour de 2013; cualquiera de ellos en otro equipo o en otras circunstancias podrían ganar carreras por su cuenta, el mejor ejemplo es Christopher Froome de 2012 a 2013 en el Team Sky.

Por otra parte, la labor del líder no es para nada fácil, el ser un contendiente a ganar la clasificación general lo hace tener una enorme presión sobre sus hombros. No debe ser nada fácil lidiar con ello. ¿Una muestra? El mismo Alberto Contador en este pasado Tour 2014. Era llamado a llevarse de calle la cita francesa, y ante el abandono de Froome días antes, no quedaba la menor duda de que era un serio candidato a vestirse de amarillo por las calles parisinas al final de la carrera. Pero en un descenso a alta velocidad vino la tragedia, cayó de su bicicleta al punto de romperla y de paso quebrarse la rodilla. A pesar de tener una fractura expuesta, sólo esperó a su auto para que lo vendara, le cambiara la bicicleta y continuar por 20 kilómetros más hasta darse cuenta de que ya no podía más. Era su obligación seguir, porque era el líder.

Ser líder o gregario lleva su complejidad. Algunos dirán que el trabajo de un gregario no tiene el mismo valor que el de su jefe de filas, el mismo Oleg Tinkov (dueño del equipo de Contador) ha despreciado la labor de ellos en fechas recientes; pero ¿cuántos Tours, Giros y Vueltas se hubieran ganado sin ellos ayudando? Muy pocas me atrevería a decir. Esos grandes héroes que suben puertos de montaña solos y ganan carreras por su propia cuenta sólo siguen en libros de ciencia ficción. Hasta el mismo Armstrong necesitó de Floyd Landis, Tyler Hamilton y George Hincapie (además de las toneladas de sustancias dopantes y mentiras) para “ganar” sus siete Tours.

Recientemente, Vincenzo Nibali se coronó en el Tour de France con notoria autoridad, pero si a su lado no hubiera estado Jakob Flugsang y sus otros siete compañeros, difícilmente hubiera llegado a la cima del pódium en Paris. Pero ¿sabe algo estimado lector? En la vida misma también hay líderes y gregarios, desafortunadamente es ahí donde más se desprecia la labor que estos cumplen, y algunos “líderes” no son más que caudillos que han llegado hasta dónde están por suerte o por circunstancias favorables de la vida.

Yo en lo particular he sido líder, pero también gregario en mi profesión, y siempre he tratado de actuar con propiedad ante la tarea encomendada. Cuando he sido líder siempre agradezco el trabajo de los demás, premio el esfuerzo y reconozco la lealtad de la misma manera que reprendo el fracaso o el desinterés. Cuando me tocó ser gregario hice lo que humanamente estuvo en mis manos y siempre velé por el bien común. Esto me lleva a pensar que hay (habemos) toda clase de líderes, el que inspira y el que atemoriza por ejemplo, pero mil veces preferible alguno de esos dos sobre el líder que decepciona y que no está a la altura.

Si usted estimado lector, es un gregario, trabaje por el bien común, dé todo lo que esté a su alcance, en la simple labor va la recompensa, siéntase orgulloso de ser pilar del éxito colectivo aún cuando el reconocimiento se lo lleve otro. Si por otro lado, es líder, haga pesar esa posición, sea exigente pero indulgente, confíe en su gente pero cuídese las espaldas, vele por el interés común, aléjese del éxito personal en favor del bien general, inspire o reprenda, pero no sea un pendejo monumental que sólo es la burla se sus subordinados.

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