No estás sólo, ¡pendejo!

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Nueve de la noche, conduzco rumbo a casa, preferiría ir mi bicicleta pero es lo que hay; entro a un centro comercial a baja velocidad, unos 15 km/h como máximo; una camioneta Chevrolet de color blanco me precede, parece que la mordió y masticó varias veces Godzilla. No se le alcanza a ver una sola lámina sin daño considerable. De pronto frena bruscamente y sin razón aparente, gracias a los buenos reflejos que tengo alcanzo a frenar, el auto que viene algunos metros detrás de mí apenas lo hace y sólo gracias al ABS de los frenos de su auto de alta gama es que evita el golpe contra la parte trasera de mi auto. Giro el volante para pasar a la camioneta detenida sólo para darme cuenta que se ha detenido para gritarle improperios a unas jovencitas que cruzan el lugar, miserable mal-nacido.

Nos trasladamos al día de hoy, medio día, circulo a la velocidad límite (40 km/h) que permite la avenida dónde voy, viajo nuevamente de regreso a casa, sin prisas pero tratando de llegar lo más pronto posible. Es una avenida de dos carriles y doble sentido, me aproximo a otra camioneta, ahora de la marca Ford y de color verde, yo circulo en el carril de la izquierda, me dispongo a rebasarla y posteriormente hacer lo mismo con un camión de carga que circula bastante lento a la derecha, de la nada el imbécil de la camioneta verde gira a su izquierda para intentar sobrepasar al camión sin percatarse de mi presencia, hago sonar mi bocina a todo lo que da mientras freno bruscamente y giro el volante tanto como puedo, el grandísimo pendejo se da cuenta de la estupidez que acaba de cometer sólo porque he tocado la bocina del auto, y si no terminamos ambos autos golpeados fue nuevamente gracias a que pude reaccionar a tiempo.

De ambos incidentes saco varias valoraciones, primeramente gracias Dios por estar siempre a mi lado, sino fuera por Ti no sé dónde estaría actualmente. Y segundo: en esta ciudad de mierda (así como en todo México) la mayoría de los conductores creen que viajan solos por la calle, miserables pendejos. Las autoridades y medios de comunicación hablan de varias decenas de miles de “accidentes” al año en este país en las calles y carreteras, yo no considero que sean accidentes, son en el mejor de los casos distracciones y siendo justos, estupideces al volante. Realmente no me cabe en mi cabeza que haya gente con el nivel de consciencia de los dos conductores de mi narrativa, se imagina estimado lector, si aplican el mismo nivel de atención asignado al manejo a cosas de la vida cotidiana, entonces tendrían que hacerles una prueba de ADN a sus hijos para comprobar que realmente lo son, por ejemplo.

Yo entiendo perfectamente que no todos nacemos con la misma habilidad al volante, pero eso se debe reflejar en otras cosas, además, estos dos tipos fácilmente pasaban la barrera de los 40 años, tiempo suficiente para haberse dado cuenta que son unos reverendos pendejos al volante, y poner más atención y cuidado al desplazarse en un vehículo automotor, pero definitivamente esto no ocurre. Había un piloto de Fórmula 1 que decía “hay dos cosas en las que ningún hombre aceptará que es malo: en la cama y al volante de un auto”, bueno, en el primer lugar pues sólo hay que mantener hijos de otra persona, pero en el segundo caso hay vidas de por medio, y no necesariamente la de ellos.

En fin un breve acto de reflexión estimado lector, y no siendo este el único propósito de la entrada, lo invito cordialmente a que si usted entra en la categoría de “pendejo al volante, peligro constante” haga un verdadero examen de consciencia y valore todo lo que pone en juego por ir tragando mierda en las calles. Y esto obviamente incluye el ir alcoholizado (o drogado), ir a las carreras porque se le hace tarde, contestar llamadas o mensajes del teléfono, respetar las reglas sólo cuando nos conviene o peor aún, ni siquiera conocerlas. Manejar un auto no es cualquier cosa, dado que la vida de terceros están en nuestras manos debemos de prestar atención a nuestro alrededor y conducir prudentemente. Ahora que si usted es un pendejo de nacimiento o su madre lo tiró de cabeza cuando era niño, bueno, pues ya bastante hace con estar leyendo esta vergorragia.

¿Y qué hay de aquellos conductores que sí son prudentes y correctos al manejar? Pues sólo nos queda seguir así, y tomar consciencia de que estos pendejos están allá afuera, amén de que se multiplican con el agua, y tener extremo cuidado, manejo defensivo le llaman algunos. Y finalmente, que Dios nos ampare. Ah, por cierto, estimado conductor distraído que no se percata de los otros conductores a su alrededor, corra a casa inmediatamente y verifique dos cosas: que sus pantuflas no estén calientes y que la tapa de la taza del baño no esté levantada, no le vayan a estar haciendo de chivo los tamales, con eso de que cree que vive sólo en este mundo. No hace falta que me den las gracias, lo hago de corazón.

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