Con o sin acoples

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Cuando me subí por primera vez a una bicicleta de montaña (MTB, BTT, VTT, …) hace algunos ayeres, los acoples eran una regla básica de uso. Para evitar confusiones, llamemos “acoples” a las extensiones perpendiculares al manubrio que se colocan en sus extremos:

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Estos “cuernos” fueron evolucionando con el tiempo, de metal con un tamaño considerable (como los de la foto) pasaron a ser de aluminio o fibra de carbono en un tamaño mucho más reducido. Sin embargo, en la última década lentamente han ido desapareciendo en las competencias profesionales de la Copa del Mundo, y por consecuencia los fabricantes de bicicletas prácticamente los eliminaron de su “stock”.

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Su razón de ser era simple: tener dos puntos de contacto adicionales cuando se necesite, y básicamente eran dos las circunstancias donde se podían requerir, en subidas pronunciadas y durante rectas considerables como descansos. Creo que cualquier asiduo de las MTB saben y valoran su importancia. Pero repito, hoy ya ninguna marca los equipa de serie y sólo José Antonio Hermida los utiliza en la élite del deporte.

En este video Hermida nos explica un poco el por qué de seguir utilizándolas:

Y con esto de las redes sociales y su alcance, se desató la polémica de si usarlas o no. Una cuenta de Twitter dedicada al MTB hizo eco de ello y procedió a generar su particular encuesta:

Pues siendo las 16:30 hrs del centro de México, parece que la opción de SIN acoples se lleva de calle a la opción de CON acoples. Definitivamente cuestión de gustos, yo mismo he votado por la opción SIN, aún cuando realmente me gusta llevar los acoples, bueno, en realidad me gustaba. Explico un poco por qué el cambio.

Desde que regresé al MTB (2008), usé unos acoples bastante cortos de aluminio, y me fueron realmente de mucha ayuda en mis días de adicción al Cross Country. Sin embargo este año dos incidentes me hicieron deshacerme rápidamente de ellos. En el mes de febrero circulaba a gran velocidad en un sendero bastante estrecho, y dado que mi manubrio es considerablemente ancho, alcancé a rozar un árbol lo cual me hizo perder el control de la bici y caer sin mayores consecuencias, gajes del oficio.

Pero en una salida urbana en el mes de abril tuve un fuerte accidente derivado del uso de los acoples: llegando a un semáforo la luz roja apareció y me detuve al lado de una unidad de transporte público, adelante de ambos estaba un Volkswagen Jetta que claramente me cerró el paso acercándose demasiado a su derecha y dejando apenas unos cuantos centímetros entre su carrocería y la banqueta.

Cuando la luz verde se puso intenté arrancar pero el imbécil del Jetta miraba su celular, entonces decidí meterme delante del transporte público y detrás del auto, rebasé al Jetta por su izquierda y justo cuando me disponía a dejarlo atrás sentí un fuerte golpe en el manubrio y caí de lado. Mi acople se atoró con su espejo retrovisor destrozándolo por completo.

Aunque ciertamente tanto el estúpido del Jetta como su servidor tuvimos culpa, y los acoples sólo fueron la variable que detonó el accidente. Fue parte mi culpa porque tengo la mala costumbre (derivado de mi experiencia en el ciclismo de ruta y pista) de arrancar con la cabeza abajo, y por ende no pude observar cómo el desgraciado psicópata del Jetta giró su volante hacia la izquierda para volver a cerrarme el paso.

En fin, ya llevo varios meses sin los acoples y ciertamente los extraño en subidas pronunciadas, pero me he ido adaptando poco a poco a su ausencia. Entonces, ¿con o sin acoples?, como usted desee, es cuestión de gustos.

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