Respondiendo a los desorbitados precios de bicicletas

My-Speedvagen-Urban-Racer-13-1335x890 Hace algunas semanas Global Cycling Network desató la polémica al preguntar entre los visitantes de su canal en YouTube si el ciclismo es un deporte costoso. Si comparamos el desembolso que le significa a un joven (no profesional) el practicar ciclismo (de ruta o montaña) contra lo que otro tendría que erogar para practicar, fútbol por ejemplo, el ciclismo entonces sí es un deporte caro. Pero si nos adentramos más en la competición de alto nivel, entonces nos daremos cuenta de que el ciclismo es un deporte verdaderamente prohibitivo. Un adolescente, por ejemplo en México, que quisiera realizar el serial nacional de Mountain Bike fácilmente tendría que poner del bolsillo familiar una cifra superior a los $50,000 (pesos mexicanos) por temporada entre equipamiento, alimentación, suplementos, los viajes y claro, la bicicleta; por muy sencilla que esta fuera, ninguna de menos de $20,000 puede darse el lujo de competir a nivel nacional, aún en juveniles.

Trasladando esto al ambiente específico de bicicletas de alta gama, es fácil encontrarse ejemplares que valen lo de un automóvil compacto usado. $40,000 y hasta $60,000 son cifras habituales al hablar de bicicletas empleadas en competición a un bajo nivel, porque si hablamos de nivel profesional, estas bicis fácilmente pueden sobrepasar la friolera de los $100,000 y todo eso sin tomar en cuenta que el uso exigente en competición nos haría realizar una inversión valuada en miles de pesos para cuestiones referentes al mantenimiento y conservación de la máquina. No hay que ir muy lejos, unos neumáticos para una bicicleta de montaña para carreras (digamos unos Continental RaceKing Tubeless) fácilmente duplican el precio que uno paga por un neumático de un auto compacto. Y con el compuesto de hule utilizado, estas se desgastan rápidamente.

Y entonces, hasta para los más entendidos en esto del ciclismo, la pregunta de “¡¿pues qué hace?!” viene a la palestra cuando alguno de estos exorbitantes precios aparece frente a nosotros. Y luego viene la justificación habitual: “el material es especial, la manufactura es detallada, la durabilidad está garantizada, el rendimiento se eleva”, claro, hasta el clásico “luce genial”. Pero ¿realmente lo vale? Yo pienso que sí. Incluso si uno ve los precios que manejan marcas como Specialized, que son de verdadero infarto, en cierto modo están justificados. Hay un desarrollo a detalle detrás de ellos, una buena manufactura, respaldo post venta de una marca reconocida, buen precio de reventa … y por supuesto, lo que hay que aportar al marketing y promoción que la marca genera que incluye pagar elevadísimas nóminas a ciclistas profesionales, ¿o ustedes creían que el Porsche 911 Turbo de Jaroslav Kulhavy se lo trajo Santa Claus?

Eso nos trae a la semana pasada, y la aparición (formal) de una bicicleta que literalmente colapsó el internet, o al menos el internet enfocado a la industria de la bicicleta. En días pasados la marca casi artesanal Speedvagen presentó en sociedad su Urban Racer. La firma basada en California se destaca por una manufactura a mano, de gran calidad y prácticamente personalizada, así como sus precios de alarido para muchos de sus productos. Quizá no sea tan conocida como Trek o la misma Specialized, pero entre aquellos que amamos el concepto de Handmade Built, Speedvagen es sinónimo de perfección y algo intangible que nos hace desear cada uno de sus modelos.

Hace algunas semanas mostraron varios teasers (previos) de la bicicleta principalmente a través de la gente que trabaja en Speedvagen y The Vanilla Workshop, pero el impacto mayor vino de John Watson, la mente maestra detrás de The Radavist (hasta el año pasado Prolly But Not Probably), un sitio especializado en bicicletas muy especiales. Cuando vi la primera instantánea de la Urban Racer debo confesar que mi quijada cayó por el suelo: se trataba de una bicicleta urbana, con una geometría hermosa, unos acabados destacables, un color maravilloso y el concepto que invitaba a pensar que se trataba de una fixie. En realidad, lo que más me atrajo fue el hecho de que finalmente alguien había logrado llevar a la práctica aquel sueño que tuve a principios del 2014: crear una bicicleta con llantas diferentes a 700 (26, 27.5 o 29 pulgadas), con una geometría envidiable y que fuera “100% rápida, 200% divertida”. Incluso llegué a pensar en mis más osados sueños “¿andará en la barrera de menos de $20,000? Porque de ser así vendo mis córneas y me pido una”. Nada más alejado de la realidad. Habría que esperar algunas semanas para comprobar el precio dado que no habían demasiados datos al respecto.

El día llegó y el sitio apareció con todos los datos de la bicicleta. Se trata de una bici urbana, por llamarla de algún modo, hecha a mano y bajo pedido. La página dice: “si buscas clasificarla, sigue buscando”. Y en parte es más allá que un artificio publicitario, la Urban Racer es muchas cosas, y a la vez nada de lo que se haya visto antes o en otras marcas. Hecha en tubería S3 con el tubo de la dirección de la mítica casa Columbus, todo acero. No es un fixie, es una bici de freno contrapedal y con la opción de montar un disco de freno delantero. No es 700, sus ruedas son de 27.5 pulgadas con neumáticos anchos de 43 mm (42c) casi slicks. Y algo, vuelvo con lo mismo, intangible que me atrapó … más allá incluso del color verde militar (mi favorito después del negro mate) y los gráficos “fantasmas” (viniles debajo de la pintura).

Pero veamos a detalle las especificaciones básicas: tazas de dirección Chris King, acople del asiento Ritchey, manubrio Nitto, asiento Fizik Antares con rieles de carbono, pedalier PF30BB, cinta de manubrio de piel (quiero pensar que original y no imitación de plástico), bielas y estrella Sugino, cadena SRAM, mazas DT Swiss y sistema de cambios automáticos (2) SRAM Automatix. Los elementos distintivos que la bicicleta porta en las fotos de Watson como tijera de carbón, rines del mismo material, lámparas delantera y trasera con cableado interno, neumáticos Grand Bois, portabultos en tijera, conjunto manubrio – potencia y abrazadera de asiento en carbón … son opcionales, con un costo extra.

Y entonces ¿el precio? Por la versión base (no la que sale en las fotos) $75,500 pesos mexicanos ($4,895 dólares al cambio actual), pero tranquilos, si quieres la versión que Watson usa, entonces hay que desembolsar $127,000 ($8,230 dólares) … ¡ah, se me olvidaba! Y puedes agregar otros $160 (o $10 dólares) si quieres que la gente de Speedvagen le dé el primer rayón, para dejarte de preocupar por este particular suceso que tanto impacta en la vida de una bicicleta nueva y de su dueño. ¿Ahora entienden por qué el internet colapsó?

Hubo gente que pensó que el precio final era una broma, como bien puede ser lo del rayón, pero la mayoría tachó esta bicicleta de “el puto robo más grande la historia de la industria de las bicicletas”, industria que debe llevar más de un siglo. Hubo gente que mencionó que con $8,000 ($500 USD) se armaba algo mil veces mejor y que realmente sirviera para la ciudad. No hay que ir muy lejos, una Giant FastRoad (urbana para ir rápido rapidito) en su versión de carbón vale más de esos $500 USD pero mucho menos de los $5000 USD que piden por la Urban Racer.

Alguien en los comentarios de The Radavist cuestionaba sobre en qué específicamente se gastaban los casi $5000 USD, tras mucho debate, Sacha White (dueño de Speedvagen y creador de la Urban Racer) puso las cosas claras sobre la mesa:

  • Materiales incluyendo la pintura: $11,600 ($750 USD)
  • Tijera (quiero pensar la básica): $4,300 ($280 USD)
  • Mano de obra: $44,000 ($2850 USD)

Con lo cual agrega, sólo por el cuadro, invierten un total de $60,000 ($3,880 USD), lo cual suena razonable para llegar a los $75,500 si consideramos que debe haber una ganancia y que invierten también, aunque en menor medida, en publicidad … o ¿ustedes creen que la Urban Racer totalmente equipada que John Watson muestra en sus redes sociales la pagó él de sus bolsillos? Pero … ¡momento! $44,000 pesos mexicanos ¡¿en mano de obra?!, pues ¿quién la hace? ¿Leonardo Da Vinci?, bueno White nos explica que:

El desembolso por persona y por hora dentro del taller asciende a $1160 ($75 USD), en esto se incluye obviamente sueldos, rentas, seguros médicos, utilidades, pago de luz, gas, teléfono, etc. y que la Urban Racer emplea en su manufactura 28 horas, además de otras 10 de pintura …

¿En serio? ¿10 horas para pintar una bici? esto sí me parece un tanto exagerado. Definitivamente la mano de obra en Estados Unidos es costosa ¿ahora entienden por qué hasta las Cervélo vienen de China?

Y después de este desglose a detalle ¿sigue siendo el puto robo más grande de la historia? pues no, pero si recordamos que es una bici para andarse divirtiendo en la calle, bueno, pues cada uno de ustedes saque sus propias conclusiones.

Aquí el problema va más allá, desde mi punto de vista, si una marca de bicicletas se atreve a comercializar un ejemplar como este es porque saben que allá afuera hay un puñado de gente adinerada que se los va a comprar, entonces en cierto modo los culpables de estos precios también son los eventuales compradores, porque si ninguna Urban Racer se pudiera vender, yo quisiera ver a Sacha White bromeando con sus 10 dólares por rayarte el cuadro dentro del catálogo oficial de la bici.

¿Yo me la compraría? si fuera uno de esos personajes adinerados, extrovertidos y de clase que abundan en el estado dorado … ¿por qué no? total, para eso sirve el dinero, y de hecho me compraba dos tope de gama, una para darle en toditíta su puta madre de lunes a viernes, y la otra para tenerla colgada en mi sala, como la obra de arte que en realidad es.

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