Todo termina por hartarme

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Bueno … no todo. Hay cuestiones que pase lo que pase nunca me cansaré de ellas: mi familia, mi profesión (de eso vivo y por ende como) y todo eso que en realidad amo, pero del verbo “amar” verdaderamente. A lo largo de estos años que me ha tocado habitar este planeta he tenido toda clase de pasiones – obsesiones, y al cabo de pocos, o muchos años, termino gradualmente aburriéndome de ellas y opto por abandonarlas como si nunca hubieran existido en mi vida. Esa es una cualidad muy propia de mí … criticable, pero propia; por eso, he llegado a la conclusión de que eventualmente “todo” me termina por hartar.

Aquellos que siguen este sitio o al menos le han echado una mirada al index de entradas saben exactamente con lo que he estado obsesionado desde hace algunos años; una obsesión que inició cuando tenía yo 7 u 8 años, continuó por poco más de una década, se extinguió por apenas 8 años y regresó con más fuerza para atraparme definitivamente. Pero he decidido, temporalmente abandonar esto, no por hartazgo, sino por otras razones.

Hablando de casos pasados, ese hartazgo es lo que eventualmente me hace dejar las cosas, me obsesiono tanto con algo que termino por aburrirme para luego olvidarlo repentinamente. Hoy es completamente diferente: no estoy harto, ni cansado, mucho menos aburrido; de hecho estoy en mi mejor etapa al respecto: tengo mucha más habilidad, conocimientos de sobra, equipo suficiente, ganas desorbitadas y un gusto que se desborda por todos lados … de cualquier forma es  momento de decir adiós, esta vez no por hartazgo, sino por amor.

Finalmente, decir adiós, es crecer … o al menos eso decía Gustavo Cerati … ¿algún día volveré? … no lo sé … probablemente sí … o quizá no.

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