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Todo mundo recuerda esta fecha … aunque no haya tenido un impacto verdaderamente significativo en sus vidas. Por ejemplo yo soy mexicano, vivo a miles de kilómetros de distancia de NYC y no conocía en aquella época a nadie en esa zona, pero claro que me conmovió ver a distancia ese hecho, y a pesar de qué lo hacía a través del monitor de una TV. De cualquier manera, no modificó mi vida en ningún sentido, pero recuerdo con total detalle aquella fecha. Y como este es mi sitio web, les voy a platicar brevemente cómo viví aquel martes 11 de septiembre de 2001 desde una óptica muy personal, como recordatorio de aquél hecho y para buscar algún aprendizaje de todo esto. Verborragia de la que tanto hay en este humilde weblog.

En aquellos entonces, hace 14 (largos) años, estaba en los primeros semestres de la Universidad. Ya había yo decidido abandonar mi proyecto de vida respecto a dedicarme al mantenimiento industrial, había encontrado que me apasionaba más la parte de control electrónico digital. En aquél semestre (agosto – diciembre 2001) todos los días de la semana los iniciaba con una materia llamada Métodos Numéricos … Matemáticas mezcladas con Informática. Para ese 2001 ya era yo muy bueno con las Matemáticas, mi promedio me avalaba y ni se diga con las computadoras, eran mi segunda vida. En aquel momento acababa yo de estrenar una portátil Toshiba Satellite que me facilitaba la vida (escolar) de sobremanera y me llevaba más dentro de todo esto de la Informática.

Aquél martes 11 de septiembre desperté temprano, habitualmente me levantaba a eso de las 5:45 am cuando se trataba de entrar a la escuela a las 7. Me vestí, mis clásicos pantalones de mezclilla con mi aún más clásica playera negra, una sudadera deportiva y cómo no: mis novísimos Racing 88, unos tenis prototipo “no autorizados para su venta y sólo recomendados para su uso en carreras de NASCAR” que Nike le había producido a Dale Jarrett y que había yo conseguido por casualidad. Hacía poco más de un año que había vendido mi bicicleta. No tenía un iPod, sólo un DiscMan de Sony que un familiar me había regalado un par de años atrás, en mi mochila lo acompañaban un par de libretas, un libro de Mecánica y la laptop citada. Mi teléfono era el mítico Motorola Startac color plata … sin lugar a dudas el mejor teléfono celular que jamás tuve, por lo menos antes de la llegada de los teléfonos inteligentes.

No pude desayunar nada aquella mañana. Me sentía algo mal. Toda la noche tuve pesadez estomacal y sobretodo me sentía muy cansado y adolorido en los músculos y huesos. De cualquier manera, tomé las llaves del auto que había restaurado desde 4 años atrás, un Datsun hatchback turbo de los ochentas, un pequeño cohete nipón con carburador de doble garganta y me dirigí a la escuela. Llegué al cabo de unos cuantos minutos. Justo a la entrada me volví a topar, por enésima vez en el semestre con la mujer de mi vida … cosa que ninguno de los dos sabíamos aún. Continúe hacia el salón de clases, antes de las 7 am me senté en mi banca habitual, delante de la fila de la extrema derecha, justo al lado de la salida por aquello de una emergencia o porque simplemente era yo claustrofóbico o quizá porque odiaba a tres cuartas partes de mis compañeros … no lo sé.

Para ese entonces, a medio mes de haber iniciado el curso, más de la mitad de esos (pobres ingenuos) ingenieros en formación inscritos ya habían tirado la toalla; cada uno de ellos había desistido de ir a clase de 7 con uno de los Profesores más complicados (y a los que menos se les entendía, incluso el saludo) sea porque no se podían levantar temprano o porque simplemente la materia era demasiado para ellos. De cualquier forma ellos podían buscar métodos “alternos” para aprobar el semestre. Yo, estaba como pez en el agua, esa materia era un paseo por el parque para mí, excepto esa mañana. Cada minuto que trascurría me sentía peor que el anterior. Para las 7:30 de la mañana el dolor estomacal había llegado, lo mismo que el dolor de cabeza y la fiebre.

Ya en la segunda hora – clase, con otro Profesor que me respetaba lo mismo que se respeta a un semáforo por la madrugada (ahora entiendo que era admiración mal expresada), no tuve de otra más que salirme de clase. Pedí permiso aludiendo sentirme mal del estómago, – ¿diarrea?- me preguntó el Profesor, -no lo sé, puede ser- respondí. -Consíguete un mango, pero un mango de martillo para que te lo metas por donde ya sabes- terminó por decirme aquella persona. -Vas y chingas a tu puta madre- pensé … pero mi malestar era mayor y me retiré del lugar ante la risa de mis compañeros, otros que me admiraban en silencio. Yo también los admiraba, por haber sobrevivido tantos años con tan poca capacidad mental.

Salí rumbo a la cafetería, una lata de Coca Cola fría, algo de agua y un par de pastillas eran mi respuesta a esa difícil mañana; mientras esperaba mi lata llegó nuevamente la mujer de mi vida a ese lugar. Sólo para percatarme del idiota que tenía de novio … algo habitual, pero no habría mayor problema, algo mucho mejor le esperaba a ella en su vida, como pasar de una carreta tirada por caballos a un Ferrari de Fórmula 1. Al darme la lata y girarme para buscar una mesa vacía pude ver como la multitud se agolpaba frente a las televisiones para ver lo que parecía ser un edificio en llamas. No presté mucha atención, yo vivía mi propio caos interno. Habré pasado unos pocos minutos en aquél lugar, sólo para entender que mi problema de salud era más grave de lo que pensaba. Tomé mi mochila y salí de ahí, no sin antes volver a mirar a la mujer de mi vida.

Subí al auto y me fui directo a la casa de mi madre, no había otra opción. Justo al entrar a la sala pude ver la repetición del impacto de un avión de gran tamaño en contra del edificio que ya había observado minutos antes. Nuevamente no me generó mayor interés. Mi madre perdería todo el interés en ello al ver mi estado. Me fui a la cama y me tiré varios minutos hasta que mi madre me llevó medicamento y algo para beber mientras con las pocas fuerzas que tenía encendía el televisor de aquella habitación sólo para ver en vivo un segundo avión impactándose en una escena más propia de una película de Hollywood que de un noticiario matutino. Nunca supe a ciencia cierta dónde era el evento, yo supuse que se trataba de sendos accidentes aéreos con mucha coincidencia entre si.

Pasé las siguientes 8 horas totalmente dormido, sedado bajo la acción de los fármacos. No me tocó ver en vivo toda la parafernalia mediática que se generaría a raíz del evento que cambiaría el curso mundial por la década entera. Ya por la tarde, entre sueños alcanzaba a escuchar las noticias de CNN en Español hablando del ataque terrorista más grande de la historia. Ya despierto, sintiéndome mucho mejor y sentado en el comedor de mi madre veía con particular asombro que dos aviones habían sido secuestrados para perpetrar los impactos en las Torres Gemelas del WTC en el corazón de Nueva York, así mismo me percataba que otras aeronaves habían pasado por suertes similares. Esa fue la primera vez en mi vida que escuché hablar de Al Qaeda, Bin Laden o la Jihad islámica.

Ya de madrugada, al día siguiente técnicamente hablando, con el insomnio propio de haber dormido gran parte del día y sintiéndome como nuevo, bendita juventud nunca me abandones, pasé varias horas acostado en mi cama investigando en internet quienes eran los perpetradores de esa barbarie, sólo para enterarme del mismo modo de las otras muchas atrocidades cometidas por el Gobierno Norteamericano. Terrorismo era como clasificaban la mayoría de los medios en internet, venganza señalaban los portales árabes … justicia pronunciaban los afines a la Jihad. Finalmente, recuerdo que casi a punto de dormir, veía un documental, en la CNN International, que habían producido un año antes y en el que se habían adentrado al submundo Talibán en Afganistán. No sé qué me sorprendería más.

A pesar de ya ser un adulto joven para aquellos entonces, creo que fue la primera vez que mis ojos pudieron ver tanta maldad en un sólo día, y no me refiero exclusivamente a la caída de las Torres, o a los actos barbáricos del régimen Talibán, también me quedé tristemente sorprendido por todo lo que un Gobierno es capaz de hacer con tal de conseguir poder y dinero. Creo que en aquel entonces no tuve mayor reflexión al respecto. Lo tomé como un hecho aislado que había ocurrido a miles de kilómetros y que muy difícilmente se trasladaría a la ciudad en la que vivía. De cualquier manera fue algo que me hizo darme cuenta de ese mundo que nos ha tocado vivir.

Hoy a catorce años creo haber reflexionado más al respecto, incluso si bien no en la puerta de mi casa, el terrorismo se ha apoderado de mi país, porque ¿de qué otra forma le podemos llamar a todos esos actos de violencia injustificada que se han cometido en los últimos diez años en México? y nuevamente, por parte de muchos actores: narcotraficantes, miembros del crimen organizado, criminales “comunes”, funcionarios públicos, policías, militares y ciudadanos. Tristemente veo que todos recordamos cada año aquel 11 de septiembre de 2001, pero pocos hacen algo para evitar que la historia se repita. Nuevamente, el mundo en el que nos tocó vivir.

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