La gente mayor

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Nací en el siglo pasado, así que si quieren llámenme anticuado, pero apenas llevo tres décadas en este planeta … de cualquier forma fui educado a la vieja usanza, por gente de costumbres muy arraigadas y valores bien fundamentados, a Dios gracias. Con tristeza veo que hoy, más que nunca, se le está perdiendo el respeto a los mayores. Y no se confunda estimado lector, yo también fui de esos “rebeldes sin causa” que simplemente no confiaba en los adultos por ser adultos, pero si bien no confiaba en ellos, sí los respetaba profundamente. Hoy, ya no soy ese adolescente que adoraba las carreras de autos, soy un adulto joven con una Ingeniería y una década ejerciéndola profesionalmente … de cualquier manera le sigo hablado anteponiendo el “usted” a mis mayores, así sea aquella desconocida que me encuentro en la calle … y creo que siempre será así, al menos hasta que yo sea el “mayor” de la situación.

Decía yo, tristemente ya no se respeta al adulto como antes, ni mucho menos al anciano; me refiero por parte de la juventud de hoy. Ellos no tienen la culpa, la puta educación de mierda que sus padres les han dado los condena. Pero independiente de la educación que uno ha recibido, a la gente mayor se le merece todo el respeto del mundo por muchos factores. En épocas antiguas el Poder era únicamente delegado por parte de las civilizaciones a los ancianos. Esto ocurría, evidentemente, porque ellos ya lo habían vivido todo. Los mayores sabían qué época del año era la mejor para la agricultura, tenían las mejores técnicas de cacería; cuando llovía copiosamente y los ríos desbordaban también tenían el conocimiento que brinda la experiencia para salir avantes de las más adversas situaciones. Pero sobre todo, para llegar a “viejos” habían llevado una vida honorable, lo que les permitía ser los depositarios de toda la confianza del resto, y por supuesto, sus decisiones eran confiables.

De aquellas épocas antiguas a nuestros tiempos modernos, poco a cambiado, entonces: no les perdamos el respeto a nuestros mayores, valorémoslos porque como sociedad son los elementos más valiosos. Al final de cuentas, si Dios así nos lo permite, algún día nosotros los reemplazaremos.

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