El gobierno que merecemos

CDMX

Ya saben que yo no hablo sobre política, ni sobre mis gobernantes, mucho menos de partidos políticos o cosas peores. Pero con eso de que ando retomando un viejo amor llamado Fórmula 1, les voy a contar una historia de terror que tiene mucho que ver con esto del “Hoy no circula” que tanta polémica ha levantado estos días. Los invito estimados lectores a que lean con objetividad y se pregunten ¿verdaderamente tenemos el gobierno que merecemos?

Era 1992, yo no me acuerdo de esa época porque era un niño apenas. Pero ya estaba bastante enganchado con la Fórmula 1. El Gran Premio de México habría de celebrarse en el Autódromo Hermanos Rodríguez el domingo 22 de marzo. Ese invierno había sido particularmente difícil para la Ciudad de México. En días previos al Gran Premio se daría una “Contingencia Ambiental”, la contaminación de la atmósfera alcanzó cuatro veces lo máximo establecido por la OMS. Ya se imaginarán cómo se puso la cosa.

Está documentado que en esa semana el Regente de Gobierno del Distrito Federal (hoy Ciudad de México … capital de vanguardia dice su Jefe de Gobierno, no se ría por favor) determinó con el beneplácito del Gobierno de la República detener el 40% del parque vehicular, cerrar 2,000 escuelas y la reducción del 25% de actividades industriales … ¡sí estimado lector! como está ocurriendo actualmente.

Gobierno y medios de comunicación, principalmente Televisa, encabezaron una campaña “medioambiental” en contra de todo lo que emitiera CO2, la Fórmula 1 incluida. Ya saben como funciona esto en México: el gobierno controla a los medios de comunicación, los medios controlan a los ciudadanos descerebrados que andan por allá afuera. Las repercusiones no se hicieron esperar. A tan sólo días de celebrarse el Gran Premio, con pilotos y equipos ya establecidos para el evento, se decidió cancelar la carrera.

Manuel Camacho Solís, Regente (gobernante) del DF tuvo a bien expresar: “el Gobierno del DF, encabezado por mi persona, no tiene cómo respaldar a un evento automovilístico de esta magnitud”. Conciencia ambiental aparte, el señor Camacho Solís se alineaba con los fines políticos que le convenían, la carrera por la silla presidencial lo aguardaba para 1994 y esta era una valiosa oportunidad para que el pueblo lo valorara por tal afrenta al Gran Circo. No es raro esto en México.

Ya se imaginarán cómo se puso la situación. Yo tan sólo recuerdo que a unos días del Gran Premio se anunciaba su cancelación para favorecer la disipación de los gases en la atmósfera. Yo, un alumno de primaria sabía que el impacto en CO2 que producían autos de tal nivel tecnológico era risible, pero aparentemente los políticos no lo sabía o no habían pasado por la educación primaria.

La F1 es también una entidad poderosa, y ya lo era en 1992. Bernie Ecclestone hizo lo que estuvo a su alcance y el gobierno de la ciudad tuvo a bien dar la oportunidad de analizar la situación y buscar una solución viable para favorecer al medio ambiente y claro, a los poderosos intereses de la F1. Todo el inmueble de la Magdalena Mixhuca estaba vendido para el evento, de cancelarse las pérdidas se hubieran tasado en varios millones de dólares. Al final, el gobernante en turno, con toda la sabiduría que caracteriza a la clase política de México tuvo a bien dar su veredicto final: la carrera se llevaría a cabo, pero para mitigar el impacto de CO2 sólo se disputarían 62 de las 69 vueltas pactadas … ¡hágame usted el chingado favor, cabrón!

¿El resultado de todo este desastre? el GP de México desapareció del calendario de F1 para 1993 y no volvería sino hasta este pasado 2015. La contaminación no se detuvo pese a recortar 7 vueltas el Gran Premio. En pleno 2016, se siguen tomando decisiones así o más estúpidas. Sigan votando por esos “sabios” políticos que nos han gobernado, nos gobiernan y nos gobernaran hasta que seamos conscientes y valientes, mexicanos. Sólo una reflexión.

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