Un conejo sin su zanahoria

Turbo-Trainer

Hay una analogía usada en técnicas motivacionales. Dicen que todos debemos de perseguir nuestra zanahoria. Como seres humanos evolucionados debemos perseguir objetivos (la zanahoria de la analogía) de tal manera que nos sintamos motivados, puesto que con motivación hay sacrificio y el sacrificio es el camino más seguro para el éxito. Bueno pues ahora soy un conejo que ya no persigue una zanahoria.

El pasado mes de diciembre marcó mi retiro definitivo del ciclismo. Poco tiempo para estar con la gente que amo, mucha inversión sin recompensa, lesiones, cansancio extremo; una pasión que se había convertido en una obsesión, de esas que lastiman profundamente … todos esos fueron factores para que decidiera irme definitivamente. Me fui sin presiones de ningún tipo y con una despedida que bien valió la pena. Estoy contento de no seguir obsesionado con mejorar mis tiempos, con ir más lejos, con ser más agresivo o más técnico o más certero. Creo es algo que llega con la edad, sabes valorar lo verdaderamente importante.

No podía parar al 100%. No fue así como que después de aquél 20 de diciembre no me volviera a montar en una bicicleta. Si bien no rodé de manera efectiva durante todas las vacaciones decembrinas (acostumbrado a atragantarme con 300 – 400 km en esas dos semanas de los años previos), seguí tomando mi bicicleta para “salir a estirar las piernas”. Ya saben: salidita al monte a ver el amanecer, rodada a la carretera para probar tal o cual cosa; pero en general nada de lo que estaba acostumbrado desde 2008.

De cualquier manera yo sabía perfectamente que parar a cero sería imposible. Afortunadamente en casa cuento con un rodillo entrenador, como el de la foto de esta entrada pero sin la S-Works Shiv y yo no siendo Fabian Cancellara. Ahí paso entre media hora y hora con 45 minutos diario ya bien entrada la noche. A un ritmo que simularía una salida con fuerza por la carretera, ahora tengo la gran ventaja de ponerme los audífonos y escuchar a todo volumen mi música favorita, o bien colocar la tablet frente a mí y ver alguna peli o programa que en otras circunstancias me sería imposible ver.

Pero no es lo mismo, no tengo motivación. Entreno para recuperar la forma que perdí en el parón invernal pero ya no vislumbro nada para el fin de semana. Se siente extraño, trabajo duro, me sacrifico sobre la bici pero sé que no tendré recompensa al no poder salir a rodar al cerro o a las carreteras cerca de casa. Ya no veo la zanahoria que perseguí por tantos años. Sin embargo no todo está perdido. Hacer ejercicio, incluso una breve caminata o un paseo con Dean (mi adorado basset hound), siempre es algo que hace falta.

Más que por salud física, hacer ejercicio repercute en la salud mental de cada uno de nosotros y eso es algo invaluable, por lo tanto yo seguiré intentando alcanzar esa zanahoria que ahora ya no puedo ver. Todo sea por estar mejor cada día.

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